Ciudad

Otro show de Aranda: el cementerio de El Salado sigue abandonado

Como si el simple traspaso de la administración fuera una solución mágica.

En otro show mediático quedó la decisión de la alcaldesa de Ibagué, Johana Aranda, de entregar la administración del cementerio La Milagrosa ubicado en la comuna Siete, con él fin de seguir evitando todo tipo de hechos que van en contra vía de las creencias religiosas que tienen al borde de la locura a los residentes aledaños.

Aranda, el 9 de abril de 2024 entregó a la Arquidiócesis de Ibagué la administración del cementerio de El Salado. Con una puesta en escena bien calculada, hizo la entrega oficial a monseñor Gustavo Vásquez, presentando la medida como un hito en la recuperación del camposanto, cuando en realidad no fue más que otro anuncio vacío.

«En mejores manos no puede quedar este cementerio», afirmó la mandataria con tono grandilocuente, asegurando que la Iglesia devolvería la «honra y el valor» al sitio, sumido en el abandono por años.

Como si el simple traspaso de la administración fuera una solución mágica, la alcaldesa vendió la idea de una transformación inmediata y eficaz. Sin embargo, la realidad dista mucho del espectáculo que intentó montar.

La Arquidiócesis, por su parte, anunció que lo primero que realizaría sería el cerramiento del cementerio para evitar profanaciones, pero la gran pregunta es: ¿quién se ha encargado del mantenimiento y recuperación real del lugar? La designación del padre José María Russi como administrador del predio, en paralelo a sus funciones en el cementerio San Bonifacio, no han resuelto el problema de fondo: la absoluta desidia estatal que permitió que este camposanto se convirtiera en un espacio de miedo, desolación e inseguridad.

Un problema ignorado por la Alcaldía

Para la concejal Sandra Varón, la entrega del cementerio de El Salado no es más que un parche temporal que no aborda la crisis de fondo. «Este es un tema lamentable, especialmente para la comuna Siete. La inseguridad y la profanación de tumbas son evidentes, y lo que está pasando en la entrada del cementerio La Milagrosa es prueba de ello. Hay tumbas abiertas, restos óseos a la vista, y el sitio se ha convertido en un foco de consumo de drogas», denunció.

La cabildante, cuestionó la falta de un plan real para el cementerio. «Se habla de cerrarlo, ¿pero luego qué? ¿Quién hará el mantenimiento? No creo que la Curia se haga cargo de esto. El lugar seguirá en el abandono. Se había propuesto la exhumación de cuerpos, pero eso tampoco se ha resuelto. Yo misma tengo familiares allí y quisiera que se les diera un descanso digno en otro sitio, pero en este cementerio ya ni siquiera podemos visitar a nuestros muertos por la inseguridad», expresó.

La concejal también hizo un llamado a la administración municipal para que dé respuestas claras y soluciones efectivas, no solo anuncios rimbombantes. «Los habitantes del sector tienen miedo. El cementerio está oscuro, sin iluminación, genera pánico. Necesitamos respuestas contundentes, no más paños de agua tibia. Y que las directivas del cementerio San Bonifacio aclaren si van a devolver el comodato, porque administrar algo en estas condiciones es inviable», enfatizó.

Ocho años de abandono y una gestión que no resuelve

Más allá del anuncio de la alcaldesa, la realidad es que el cementerio de El Salado lleva más de ocho años abandonado. La entrega a la Arquidiócesis no cambió el hecho que el lugar sigue sumido en la desidia y el olvido institucional. Ni siquiera la propuesta de convertirlo en un cenizario ha prosperado, pues el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) no lo permite.

Los ibaguereños, y en especial los habitantes de la comuna Siete, están cansados de promesas sin resultados. La gestión de Johana Aranda, sigue estando marcada por la improvisación y la falta de voluntad real para resolver los problemas de la ciudad. Mientras tanto, los muertos del cementerio de El Salado siguen esperando la dignidad que en vida les negaron y que en la muerte tampoco parecen encontrar.

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