
Líder comunal denuncia atropellos de funcionarios de Infibagué por no ser ‘Hurtadista’
La irónica protesta no cayó bien entre los funcionarios de Infibagué.
El sabor amargo de la censura se sirvió en la Comuna Seis de Ibagué. Lo que debió ser una jornada de integración comunitaria terminó convertida en una escena bochornosa donde la voz de la protesta fue silenciada a gritos por funcionarios de la administración de Johana Aranda.
La denuncia, hecha pública por Jorge González, líder comunal del barrio Los Mandarinos, destapó lo que podría ser una muestra más del talante autoritario con el que algunos servidores públicos estarían manejando la relación con las comunidades. Según el relato del líder, el sábado 1 de marzo, durante una jornada de aseo liderada por el Instituto de Financiamiento Promoción y Desarrollo de Ibagué, Infibagué en varios barrios del sector, la administración municipal terminó más preocupada por acallar las críticas que por escuchar las necesidades de la comunidad.
Del sancocho a la confrontación
La alcaldesa Johana Aranda había anunciado su presencia en la actividad para compartir con la comunidad, repartir almuerzos y sumarse a las labores de embellecimiento. Sin embargo, como ya se ha vuelto costumbre en esta administración, la mandataria nunca llegó.
Mientras los vecinos se congregaban para recibir el almuerzo comunitario, González colgó una cartelera frente al salón comunal con una frase sencilla, pero contundente: “El sancocho muy rico, pero los huecos, ¿para cuándo?”.
La irónica protesta no cayó bien entre los funcionarios de Infibagué. Según la denuncia, Jorge Leal, coordinador operativo de la entidad, irrumpió en el lugar con gritos e insultos, exigiendo que González abandonara la actividad por no ser ‘bien visto’ en el evento. Lo que debía ser un espacio para escuchar a la comunidad se convirtió en un intento por amordazarla.
“Nos tuvieron toda la mañana con el cuento de que la alcaldesa venía, que iba a pintar y a repartir almuerzos, pero nunca llegó. Cuando puse la cartelera, el señor Jorge Leal me gritó y me quiso sacar como si yo no tuviera derecho a manifestarme. Luego el gerente Edilberto Pava respaldó la agresión y hasta llamaron a la policía para que me sacaran”, denunció González.
La dictadura de la pintura
El líder comunal aseguró que la represión se debió no solo a la protesta escrita, sino a su cercanía con sectores políticos opuestos a la administración.
“A mí me atacan porque me ven con los barretistas, pero también me ven con los hurtadistas, los petristas y los grivistas. Yo hablo con todos, porque soy líder de la comunidad, no peón de ningún político”, afirmó.
Pero lo más grave de la denuncia es la orden que habrían dado los funcionarios para retirar la cartelera de una propiedad privada, como si la inconformidad pudiera arrancarse de las paredes a punta de gritos.
“Querían callarme porque denuncié que la vía de Samoa a China Alta está convertida en un camino de herradura. Aquí no nos oponemos a que pinten los parques, pero con pintura no se tapan los huecos ni se arreglan las vías que llevan años destruidas”, recalcó.
La doble cara de la administración Aranda
La denuncia de Jorge González deja al descubierto el doble discurso de la administración de Johana Aranda, que mientras despliega brigadas de maquillaje urbano, prefiere apagar las voces incómodas que exigen soluciones de fondo.
No es la primera vez que la comunidad señala que la alcaldía prefiere los eventos mediáticos sobre las verdaderas soluciones. Mientras se pintan parques para las fotos, las vías de la Comuna Seis siguen convertidas en trochas intransitables.
“Aquí no estamos en contra de que arreglen los parques, pero no pueden venir a repartir sancochos para tapar los huecos con comida. Nosotros no queremos almuerzos, queremos vías dignas”, sentenció González.
¿Silenciar para gobernar?
La reacción de Infibagué ante una simple cartelera refleja el talante autoritario con el que algunos funcionarios estarían manejando la relación con las comunidades. La censura, la intimidación y el abuso de poder parecen convertirse en el sello de una administración que, seis meses después de iniciar, acumula más críticas que resultados.
La alcaldesa Johana Aranda, que aún no se pronuncia sobre el episodio, deberá decidir si lidera una ciudad que escucha o si prefiere gobernar una ciudad amordazada.



