Ciudad

Grave caso de maltrato animal en la Arboleda Campestre y las autoridades no hacen nada

Se necesita una acción ejemplarizante que envíe un mensaje claro: el maltrato animal no se tolera.

El maltrato animal sigue siendo una triste realidad que se camufla en la indiferencia, la inoperancia de las autoridades y la pasividad de quienes tienen la responsabilidad de proteger a los más vulnerables. Habitantes del conjunto residencial Vainillo de la Arboleda Campestre, ubicado en Ibagué, denunciaron que dos caninos permanecen día y noche expuestos a las inclemencias del clima, sin que nadie haga nada para evitarlo.

Desde noviembre del año pasado, esta cruel situación ha sido denunciada por la comunidad ante la administración del conjunto y las autoridades competentes. La Policía Ambiental hizo presencia en su momento, pero como suele ocurrir, la visita no dejó consecuencias. El caso quedó archivado en la larga lista de omisiones que perpetúan el maltrato animal en la ciudad.

Pero la pesadilla no terminó. La conducta de los propietarios de los animales continúa, como si la denuncia jamás se hubiera hecho. Los perros siguen confinados en un balcón de apenas dos metros, bajo el sol abrasador o la lluvia implacable, con la puerta cerrada y sin posibilidad de refugio.

Desde la distancia, los vecinos solo pueden observar cómo los animales pasan las horas con la lengua afuera, una señal inequívoca de deshidratación y sufrimiento.

Lo que ocurre en este apartamento es un acto de crueldad que no necesita mayores pruebas. La propia permanencia de los perros en esas condiciones es suficiente para evidenciar el maltrato, aunque no se logre verificar si tienen agua o alimento. Ningún ser vivo merece pasar 24 horas al día aislado, sin afecto ni protección, reducido a una existencia indigna entre cuatro paredes y un barandal de metal.

Más preocupante aún es la pasividad de las autoridades, que parecen necesitar que los animales lleguen al borde de la muerte para intervenir. El maltrato animal no puede seguir siendo medido solo por heridas visibles o cadáveres. La negligencia, la desidia y la privación también son formas de violencia que merecen sanción.

La comunidad exige medidas extremas y contundentes para proteger la vida de estos caninos, antes de que sea demasiado tarde. No basta con visitas protocolares ni con llamados a la conciencia de unos dueños que ya han demostrado su total indiferencia.

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