
No se puede marchar, pero sí disfrazarse: gobierno cosplay
Al parecer, expresar la inconformidad por los huecos de la ciudad es peor que la obligación de quienes administran la ciudad de taparlos.
Por: Jose Baruth Tafur Gutiérrez. Abogado – Especialista, Universidad Externado. Maestrante en Comunicación Política, Universidad Externado.
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En Ibagué, ya no tenemos derecho a protestar; es un lujo. Porque en esta ciudad del maquillaje institucional, exigir soluciones se volvió más peligroso que caer en uno de los cráteres (perdón, calles) de nuestra malla vial.
Sí, aunque parezca absurdo y lo es, la administración municipal le dijo NO a una protesta ciudadana porque, al parecer, reclamar por el buen manejo de nuestros impuestos no está bien visto. Al parecer, expresar la inconformidad por los huecos de la ciudad es peor que la obligación de quienes administran la ciudad de taparlos. Tal vez la alcaldesa creyó que era una marcha de disfraces y no la invitamos.
Y no es chiste: ¡mientras las vías parecen zona de guerra, con huecos que tienen código postal propio y la ciudad se cae a pedazos, pero estamos en el año de las obras! Lo realmente urgente, al parecer, es censurar al ciudadano que se atreva a decir “¡Esto está mal!”. ¿Será que la protesta la negaron por no tener filtro de Instagram?
Pero claro, ¡cómo van a permitir una protesta si están ocupados eligiendo qué disfraz usar para la próxima “intervención artística” o “acto simbólico”! Entre trajes de campesina, reina, hada madrina y quién sabe qué más, se les olvidó algo básico: gobernar.
La protesta por la malla vial fue negada, según dicen, por “motivos de orden público”. Traducción: no quieren que se note el desorden real. Porque una ciudad llena de huecos, desempleo, abandono rural y una alcaldesa con popularidad en picada no necesita protestas… necesita una auditoría y un exorcismo.
Pero eso sí: cuando la ciudadanía marcha para pedir pavimento, la administración saca el semáforo en rojo. Ahora, si van a aplaudir, posar para selfies o pintar un mural con frases motivacionales, ¡ahí sí les dan permiso, carpa, refrigerio y transmisión en vivo!
No se engañen quienes aceptarían hacer parte de una administración con tan mala imagen, porque así mismo la ciudadanía afirmaría su participación en la desidia. Negar la protesta no es proteger la ciudad, es proteger la fachada: la que sostiene una administración más preocupada por la imagen que por la realidad, más enfocada en ocultar la podredumbre que en corregirla. Como quien esconde algo que huele feo debajo de la alfombra.
Al paso que vamos, pedir que arreglen una calle será considerado delito, criticar la administración será terrorismo, y caer en un hueco será responsabilidad del ciudadano por no volar.
Así que ya lo sabe, ibaguereño: si quiere que lo escuchen, cállese. Si quiere que lo vean, aplauda. Y si quiere exigir sus derechos, disfrácese de flor para que la Alcaldía lo riegue… con indiferencia.


