Opinión

¿Álvaro Uribe en la cárcel?

Si ocurre algo parecido, ojalá la jueza no se deje amedrentar por presiones externas.

Por: Edgar Antonio Valderrama Zabala.

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

El proceso contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez, llegó a la etapa de juicio y terminó, luego de 67 sesiones, con la intervención del acusado, quien pidió, casi llorando, “que se emita fallo absolutorio por todos los cargos de fraude y soborno por los que fue acusado por la Fiscalía General, que le causaron mucha tristeza, mucho daño a pesar de ser un hombre bueno”. La jueza anunció que el 28 de julio se conocerá el fallo, aunque puede producirle el 7 de agosto. Y la pregunta es ¿Qué gana o qué pierde el país con ¿Álvaro Uribe en la cárcel? 

Más de uno ya se ha imaginado al expresidente Uribe tras las rejas. Su situación tiene parecido con la del tristemente conocido expresidente peruano Alberto Fujimori. Si hay una condena por manipulación de testigos el próximo 28 de julio, y todo indicaría que sí, lo primero es que Alvaro Uribe apelará la decisión, es su derecho, y lo segundo es que, confirmada la sentencia lo que tomaría, vaya usted a saber cuánto tiempo, es posible que el reo sea conducido no a una cárcel, sino a su hacienda el Ubérrimo por cárcel. 

De algo le debe servir haber sido presidente de la República. Ese fue el caso, por ejemplo, de Cristina Kirchner, la expresidenta de Argentina, quien desde junio de 2025 cumple prisión domiciliaria tras confirmarse su sentencia a 6 años de cárcel por corrupción. Pasaron tres años, pues había sido condenada en primera instancia en 2022. Esta novela colombiana comenzó en el 2018. Pero puede ser que al final sí vaya a una cárcel de las normales, como le sucedió al expresidente del Perú, Alberto Fujimori, quien en 2009 terminó preso a la edad de 71 años, por ordenar la muerte de 25 personas, en dos masacres, a manos de un escuadrón de la muerte denominado Grupo Colina, más su participación en el secuestro, en 1992, de un periodista y un empresario. Pasó a la historia como el primer mandatario latino sentenciado en su patria por crímenes de lesa humanidad. 

Pero Colombia es un país de apasionados fanáticos, tanto religiosos como políticos, y la polarización crecerá conforme se acerque la elección presidencial. Los uribistas más uribistas, denominados pura sangre, mantendrán su nombre, el de Uribe, en la punta de la lengua como imán para asegurarse una buena pesca electoral. Con Uribe en la cárcel el urbismo no morirá, lo harán mártir, de la misma manera que no han muerto ni el chavismo en Venezuela, ni el fujimorismo en el Perú, a pesar incluso de que los dos, Chávez y Fujimori, ya desaparecieron de la faz de la tierra.

Según las cuentas, el expresidente Uribe, hoy de 73 años, recibiría una pena de hasta 12 años por el delito de soborno a testigos en actuación penal y de 12 años por fraude procesal. Suponiendo que le conmutan la pena y le aplican doce años, saldría libre a los 85, quizás demasiado viejo para querer seguir en estas lides, aunque ya sabemos que hay adicciones incurables. Hay que tener en cuenta que, aunque en este país hay rebaja de pena por buena conducta, también es posible que, mientras el expresidente esté privado de la libertad, se revivan otros casos contra él, acusaciones que probablemente le han desmejorado el sueño: los falsos positivos (6.402 víctimas de ejecuciones extrajudiciales) ocurridos durante sus ocho años de gobierno y su supuesta vinculación a masacres ocurridas en 1997, siendo él gobernador de Antioquia.

Independiente de la conclusión, el caso Uribe debería llevar al país a preparar un debate profundo sobre la necesidad de una reforma política que permita fortalecer los partidos por encima de caudillismos o personalismos. Antes, había una distinción clara: usted o era de derecha y votaba liberal o conservador, o era de izquierda y votaba Partido Comunista, ANAPO, o Unión Patriótica, o no votaba. La política terminó tan deformada, falseada, fingida, que cada cuatro años aparecen partidos, denominados de garaje, que luego desaparecen, con la misma rapidez con que a regañadientes asumen sus fracasos. 

El papel estelar, grandilocuente, que ha cumplido en este juicio la jueza, Sandra Liliana Heredia, quien se perfila como una candidata a personaje del año, y lo mismo al senador Iván Cepeda, demuestra que hay razones para creer que en Colombia la justicia, aunque  tropezando, se esmera por actuar con firmeza, apegada a los códigos. Una condena a Álvaro Uribe -de ser hallado culpable, claro-, sería un  escarmiento para la clase política colombiana, que debe saber que en este país, nadie puede asaltar ni la Constitución ni las leyes y sería un mensaje al mundo de lo sólida que son la democracia y la autonomía de poderes en Colombia. Si el caso prescribe, será otra horrorosa, terrible, espantosa derrota para el sistema judicial colombiano y todos perderemos, incluso Álvaro Uribe, cuyo legado, sin el caso resuelto, quedará con mácula para la Historia.

Al momento de escribir esto, leía una noticia: Donald Trump amenaza con imponer aranceles del 50% Brasil en represalia por el juicio al expresidente Jair Bolsonaro, acusado de un golpe de Estado. Ojalá el gobierno norteamericano no esté pensando igual, con relación al juicio en Colombia contra Uribe, que es lo que han pretendido lograr los dirigentes de oposición que viajaron a buscar ese resultado entrevistándose con dirigentes de extrema derecha norteamericana y de paso desprestigiando el gobierno de Gustavo Petro. Si ocurre algo parecido, ojalá la jueza no se deje amedrentar por presiones externas.

Publicaciones relacionadas

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba