
¿Contralor para el Tolima o para los poderosos?
La elección que definirá el rumbo del Tolima.
Por Luis Antonio Castro. Abogado especialista – Analista político
Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.
La Asamblea Departamental se prepara para elegir al nuevo Contralor Departamental, en un proceso que no es un simple trámite administrativo, sino un verdadero test de ética y de voluntad política. «Elegir al contralor es mucho más que llenar un cargo: es decidir qué clase de control fiscal tendrá el Tolima.»
La Asamblea está por cumplir una de sus funciones más delicadas: elegir al nuevo Contralor Departamental. Este acto es un examen de conciencia institucional que pondrá a prueba la ética, la independencia y la capacidad de la corporación para defender el interés general.
La pregunta que se respira en el ambiente es inevitable: ¿elegirá la Asamblea al profesional idóneo, con independencia real, o al operador político que mejor encaje en los cálculos de poder?
El rol del Contralor: piedra angular del control fiscal
Desde el punto de vista jurídico-administrativo, la figura del contralor es piedra angular del control fiscal territorial. No es un puesto burocrático más: es un órgano de control autónomo, con la misión de vigilar la gestión fiscal de la administración departamental, de los municipios y de los particulares que administren recursos públicos.
Su misión, definida en la Ley 42 de 1993 y reafirmada por la Constitución de 1991, es auditar, determinar responsabilidades fiscales y lograr que los daños al patrimonio público se reparen. Cada decisión impacta directamente la protección del patrimonio de los tolimenses.
Un contexto alarmante
La Contraloría General de la República ha identificado 103 proyectos inconclusos o críticos en el Tolima, que suman más de $1,14 billones de pesos.
Entre ellos se encuentran el distrito de riego del Triángulo del Sur del Tolima (Coyaima), la pavimentación de la vía Planadas-Gaitania y los escenarios deportivos que llevan casi una década en espera.
Estos hallazgos confirman que el control fiscal es la última línea de defensa frente al despilfarro y la corrupción.
El riesgo de una elección capturada
El mecanismo de elección, concebido como garantía de objetividad, se ha convertido en un arma de doble filo. Aunque el constituyente delegó en la Asamblea Departamental esta facultad para privilegiar el mérito sobre el populismo, en la práctica este proceso ha sido vulnerable a presiones partidistas y acuerdos de gobernabilidad que distorsionan su finalidad.
Así, la elección puede terminar pareciéndose más a una puja silenciosa, donde el “mejor postor” no es quien presenta la hoja de vida más sólida, sino quien ofrece complacencia o silencio estratégico frente a los grandes hallazgos fiscales.
Un llamado categórico a los diputados
El riesgo es claro: un contralor “capturado” por intereses políticos o económicos se convierte en cómplice pasivo de la corrupción. Deja de ser el guardián del erario y pasa a ser un actor más en el juego de poder, eligiendo a quién investigar y a quién blindar. Esa es la verdadera amenaza que enfrenta hoy el Tolima.
Por eso, el llamado a los honorables diputados es categórico: elijan con la Constitución en la mano y el Tolima en el corazón. No se trata de elegir al amigo, al socio político o al financiador de campaña, sino al profesional que garantice independencia, experiencia en auditoría y control fiscal, y una hoja de vida intachable.
La Asamblea debe hacer pública su deliberación, sustentar cada voto en criterios de mérito y probidad, y abrir el proceso a la observación de veedurías ciudadanas y medios de comunicación.
La ciudadanía no puede callar
La ciudadanía, aunque no vota directamente, tiene la responsabilidad de vigilar el proceso, exigir transparencia y denunciar irregularidades. El silencio es el mejor aliado de la corrupción.
Conclusión: un plebiscito sobre la voluntad política
La elección del próximo Contralor Departamental será mucho más que un nombramiento. Será un plebiscito sobre la voluntad de la Asamblea de romper con el clientelismo y blindar el control fiscal frente a la captura política.
El Tolima no resiste más elefantes blancos ni proyectos fantasma. Necesita un contralor que actúe como técnico implacable y juez imparcial.
«Que los diputados elijan no al más conveniente, sino al mejor. El patrimonio de los tolimenses, su confianza en las instituciones y la salud de la democracia regional dependen de ello.»


