
Instructor de artes marciales en Ibagué es denunciado por presunto abuso de una menor
Durante casi un año, su entusiasmo por el deporte la convirtió en una asistente constante, generando una relación de confianza con el instructor Jorge Andrés Peña Reyes, quien es señalado por la víctima como el presunto abusador.
Un instructor de artes marciales en Ibagué enfrenta señalamientos graves por el presunto abuso de una menor de 13 años. Conlaverdad.com logró establecer en exclusiva, que la denuncia radicada hace más de un año ante la Fiscalía, reposa me los anaqueles del olvido, mientras el denunciado continúa dictando clases en la ciudad.
Un familiar de la víctima, quien solicitó reserva de su identidad por temor a represalias, rompió el silencio en primicia con este medio, con la esperanza que más posibles afectadas se atrevan a denunciar.
La joven abusada, ahora de 16 años, comenzó a entrenar en 2021 en la escuela Selvagem Training Center, especializada en artes marciales mixtas y jiujitsu brasileño. Durante casi un año, su entusiasmo por el deporte la convirtió en una asistente constante, generando una relación de confianza con el instructor Jorge Andrés Peña Reyes, quien es señalado por la víctima como el presunto abusador.
Sin embargo, a inicios de 2023, todo cambió. «Notamos que empezó a perder interés, faltaba a las clases y buscaba excusas para no ir. Incluso hablé con el profesor para que la motivara, pero su respuesta fue evasiva. Algo no me cuadraba», relató el familiar, quien pidió alterar en la entrevista.
La verdad salió a la luz semanas después, cuando, entre lágrimas, la menor confesó a su madre que había sido acosada por el instructor. Según dijo, un día llegó temprano a una clase, y el hombre se negó a devolverle un saco que ella había dejado, exigiendo a cambio un beso. Ante la presión y la insistencia, la niña cedió. «Esto ya lo había hecho antes, y esa fue la razón por la que decidió no volver. Se sentía incómoda y avergonzada», añadió el denunciante.
Al conocer la delicada situación, la familia activó de inmediato el protocolo a través del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF y radicó la denuncia en la Fiscalía seccional Tolima, pero el caso no ha avanzado. «Han pasado más de 18 meses, y lo único que han hecho es retomar los testimonios en noviembre de 2024. Nos dicen que están saturados, pero esto es inaceptable cuando se trata de una menor de edad», expresó el hombre.
Mientras tanto, el instructor continúa trabajando en la escuela, ahora en el barrio Metaima, sin restricciones aparentes. «Él no sabe que lo denunciamos. Eso lo hace más peligroso, porque creemos que podrían existir más víctimas que no se han atrevido a hablar», advirtió.
En el testimonio, el familiar sostuvo que el hecho dejó secuelas emocionales en la joven, quien durante meses presentó rebeldía, bajo rendimiento académico y aislamiento. Aunque actualmente lleva una vida normal, el impacto psicológico persiste.
La familia exige celeridad en la investigación y un control más estricto sobre las instituciones privadas que trabajan con menores. «Es inconcebible que alguien con este tipo de comportamientos siga teniendo acceso a niños y niñas. La justicia debe actuar con rapidez, y las escuelas deben investigar a fondo a sus instructores», enfatizó.
El testimonio se convierte en una alerta para los padres de familia y para la sociedad en general. «No podemos permitir que el miedo gane. Si alguien más ha pasado por esto, que lo denuncie. Solo así podremos detener a personas como él y evitar que sigan haciendo daño», concluyó.



