Opinión

¿Gracias por nada? El cinismo de una obra tardía

La ciudadanía no puede seguir siendo víctima de promesas vacías y proyectos interminables.

Por: Jose Baruth Tafur G. Abogado-Especialista U Externado. Magister Comunicación Política U Externado.

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

Cuánta mediocridad y cuántos arrodillados por la desidia podemos estar, para agradecer una obra que debió entregarse hace años en Ibagué. Lejos de mostrar esperanza por la culminación de las piscinas olímpicas de la calle 42, esta se ha convertido en un símbolo de las promesas incumplidas y la ineficiencia administrativa. Es la muestra de la oportunidad tardía de sueños y anhelos que teníamos desde su demolición en 2015. Han pasado casi diez años marcados por retrasos, sobrecostos y justificaciones que han dejado a la ciudadanía en un estado de constante desilusión.

Inicialmente proyectadas con un presupuesto de $13 mil millones, las piscinas han experimentado un incremento significativo en su costo, alcanzando los $20 mil millones. A pesar de los múltiples anuncios de entrega, la realidad ha sido una serie de aplazamientos. En diciembre de 2024, la alcaldesa Johana Aranda prometió su inauguración, pero nuevamente se incumplió el plazo, atribuyendo el retraso a factores como las lluvias y la llegada tardía de los trampolines.

Al César lo que es del César, y los veedores ciudadanos han sido testigos y denunciantes de las múltiples irregularidades que han rodeado esta obra. Desde problemas estructurales hasta la falta de interventoría y supervisión adecuada, las piscinas de la 42 se han convertido en un caso emblemático de mala gestión pública.

Este escenario no solo representa una obra inconclusa, sino el cinismo con el que nos miran a los ibaguereños, siendo el reflejo de una administración que es el continuismo que ha fallado en cumplir con las expectativas y necesidades de sus ciudadanos. La falta de transparencia, la gestión ineficiente y la ausencia de responsabilidad han dejado a Ibagué como una ciudad en ruinas, donde impera el olvido, pero desde luego la falta de malla vial.

Es hora de que los ciudadanos no actúen con indiferencia; contrario a ello, es momento de mirar al rostro de quienes se burlan de nosotros con cinismo, mirar al rostro de quien nos miente y expresar todo lo que sabemos que es verdad, pero que, de manera desfachatada, muestran su rostro con sonrisa. La ciudadanía no puede seguir siendo víctima de promesas vacías y proyectos interminables.

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