Opinión

San Juan o san tamal con moño San Pedro o santa lechona

2025, La Carrera Tercera la transitaban personas de un lado a otro. Las vallas de seguridad instaladas en este sector servían de estorbo, no cumplían ninguna función.

Por: Edgar Antonio Valderrama Zabala.

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

Como si se tratara de una fiesta fantasma, los tolimenses que caminan por la Carrera Tercera, lo alrededores de la plaza de Bolívar y el parque Murillo Toro, sintieron una sensación de nostalgia de otras épocas. 

1958 el Tolima era víctima «La Violencia», su población sufrió el peso de las luchas. Emboscadas, masacres y persecución política convirtieron al Tolima en el epicentro. El gobierno, buscó la negociación del conflicto por varias vías: una, negociación directa con los insurgentes que se resistían a rendirse por miedo a las represalias oficiales y otra, que culminó en amnistías que posibilito la reinserción parcial de los alzados en armas. Pero también se consideró la inclusión de actividades culturales como parte de la estrategia para resarcir perjuicios. Y surgió la iniciativa de dirigentes políticos y culturales, entre ellos Adriano Tribín Piedrahíta y Amina Melendro de Pulecio presentando al entonces gobernador, Rafael Parga Cortés, la idea de crear un festival folclórico de las más altas calidades artísticas. Su visión era que no fuera un modesto festejo casero, sino en un evento de hondo calado nacional.

2025, La Carrera Tercera la transitaban personas de un lado a otro. Las vallas de seguridad instaladas en este sector servían de estorbo, no cumplían ninguna función.  Igual cosa pasaba en el Murillo Toro, donde sobresalían las casetas para venta de tamales. Fue un primer reflejo que nos tomó de sorpresa cuando recordamos que antes, en la misma fecha el 24 de junio, estos lugares estaban repletos de gente alegre que se movía de un lado y otro. Bailaban sanjuaneros, bambucos, rajaleñas o aires colombianos, al son de equipos de sonido de los vehículo acompañantes de reinas, danzas  y carrozas. Los tolimenses celebraban con orgullo una de las fiestas más alegres y tradicionales: la del San Juan, que iniciaban con el Corpus Cristy y culminaba con el San Pedro.

Años después de su primera celebración, en 1959, surgio la organización del Festival Folclórico, creado para permitir a los colombiano conocer a fondo las tradiciones culturales y folclóricas y por ello llegaron como invitadas especiales, reinas y delegaciones de todo el territorio nacional que nos permitieron, ahí sí, reencontrarnos en un gigantesco evento cultural con diversidad de ritmos, danzas y culturas, indicando que Ibagué, era realmente cuna de la hermandad nacional. Así que, los que consideran, que las fiestas se reducen al jolgorio ordinario, al día del tamal, al día de la Lechona, al día del sombrero, al día de la achira o al día del aguardiente, donde subyacen innegables objetivos comerciales, están completamente equivocados.

Y es que a esto se le cuelgan un resto de trastos y ventas ambulantes de supuestas artesanías, que le dan un tinte de mercado aldeano a unos festejos donde se venden hasta ropa y tenis de segunda. Pero el verdadero contenido cultural y sus raíces desapareció.

Lo de ahora, solo trata de ocultar la mediocridad de los organizadores contratados por gobernantes que, nunca se enteraron de como fue realmente un verdadero Festival Folclorico Colombiano y por ello, ahora a través de elementos que, aunque forman parte de las tradiciones folclóricas, realizan unas fiestas pueblerinas que no son los que caracterizan las celebraciones del solsticio de verano. En estos tiempos, con el ribete comercial que le vienen imprimiendo a las fiestas, quieren no solo cambiarnos la imagen venerable, religiosa, ancestral y cultural de lo que significa el San Juan para los tolimenses sino también su fecha. Si bien es cierto, el tamal es uno de los platos apetecidos de nuestra gastronomía, bajo ninguna pretexto puede remplazar la simbología y emblema que representan el San Juan en la cultura en otros países y pueblos donde se celebra. Lo mismo ocurre con la lechona o el sombrero, fabricado con una paja especial cultivada en las riberas de los ríos del Tolima Grande, que la Asamblea oficializó en el año de 2010, por medio de una Ordenanza, donde además de institucionalizar la prenda para dar identidad, incluye obvios beneficios comerciales para los fabricantes.

Años atrás, el 24 de junio, verdadero día de San Juan y día central de las fiestas de Ibagué y gran parte del departamento. Se prolongaba hasta el 29 para empatar con el San Pedro. Era una semana de sana alegría, presentación de espectáculos de los mejores grupos folclóricos, orquestas y artistas de renombre nacional que se presentaban gratis ante el público, en tablados populares con asistencias monumentales en sana paz a lo que, obviamente se sumaba venta de trago, comidas, conciertos, baile, quemas de pólvora, venta de trajes típicos y todo el mercado que se relaciona con estas festividades. No obstante, el hecho que sin duda, rebosa la copa, es que se continúa preponderando al ‘Día del Tamal’, al de “la Lechona’ y al ‘Sombrero de pindo’ el del “aguardiente’, El de la ‘Achira’, como símbolos e íconos de las fiestas, cuando en realidad es San Juan. Decisión que cambia el ideal de la gente que dejo de apreciar en el verdadero espectáculo de nuestros grupos folclóricos y el derroche de alegría que permitió a los tolimenses mostrarse como la gente más acogedora del país.

Esto, auspiciado por sucesivos gobiernos desde Jorge Tulio Rodríguez, cuando por decreto estableció  el Día del Tamal el 24 de junio, que se concibió como una exaltación al delicioso plato típico, y nunca pensando en desplazar la costumbre auténtica o quitarle protagonismo al verdadero patrono de las actividades folclóricas que es San Juan; es decir, el tamal debería girar en torno al santo y no a la inversa como se quiere imponer, sin el menor respeto ni consideración por nuestras tradiciones. Es bueno recordar que San Juan, es mucho más que un tamal o un sombrero. Es toda una leyenda universal, bíblica, histórica y política del desarrollo de la humanidad. Su nombre, está ligado a la libertad, la igualdad y la fraternidad. No en vano, los masones lo consideran su Santo Patrono y lo tomaron como su gran maestro en todas las logias del mundo y el 24 de junio es día sagrado para ellos

El San Juan se celebran hace siglos en España, Portugal, Reino Unido, Noruega, Dinamarca, Francia, Suecia, Finlandia, y en Bolivia, Venezuela, Perú, Ecuador, Paraguay y Puerto Rico, entre otros. En el Tolima, a través de la Ordenanza 54 del 30 de julio de 1935, la Asamblea Departamental declaró el 24 de junio, día cívico en homenaje a esta efemérides, asociada al solsticio de verano, cargada de simbolismos al fuego y al sol que en su iniciación fue de origen pagano pero que con el correr del tiempo, la iglesia católica la fue transformando hasta convertirla en fiesta mística.

Juan el Bautista, considerado el primer profeta, que preparó el camino de llegada de Jesús, se enfrentó al imperio romano. fue una voz que clamó en el desierto y que no calló  ante la opresión y no giró el rostro ante los abusos de poder. Un personaje de estas calidades y contextos humanos e históricos, nunca puede ser reemplazado por un tamal o  un sombrero, así el primero sea la delicia de la gastronomía regional y el segundo, la corona del reino Pijao.

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