Opinión

El Tolima Liberal: ¿resistencia o renuncia?

El Tolima, hoy, es la trinchera de un liberalismo que se niega a claudicar.

Por Luis Antonio Castro, analista político. Abogado especialista. 

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

La dimisión de Mauricio Jaramillo Martínez resuena como un campanazo en el Partido Liberal. No es un adiós, sino un grito de alerta: el liberalismo colombiano, en manos de una dirección nacional desconectada, agoniza. Jaramillo, con 40 años de lucha social, no merece un «lamento» protocolario. Merece que se escuche su denuncia: el partido ha traicionado a los trabajadores, desoído a sus directorios territoriales y enterrado su esencia progresista.

Frente a este naufragio, figuras como el diputado Carlos Arturo Reyes y el concejal Javier Mora alzan la voz desde el Tolima. Su comunicado es un acto de coraje político. No temen señalar a la representante Olga Beatriz González por su liderazgo individualista y su fracaso en articular demandas regionales con el Gobierno nacional.

Mientras la cúpula liberal en Bogotá reparte avales a espaldas de las bases, Reyes insiste en lo urgente: recuperar el poder municipal para las causas populares.

— Reyes no se limita a protestar. Llama a reconstruir el poder regional con trabajadores, sectores populares y empresarios progresistas, buscando un desarrollo inclusivo. —

¿Por qué su lucha importa? Porque encarnan un liberalismo vivo, no de discursos, sino de trinchera. Frente a congresistas que votan contra el pueblo, ellos reclaman equidad; frente a dirigencias que pactan con el establishment, proponen unidad con empresarios comprometidos con el desarrollo social. Su apuesta no es nostalgia: es un proyecto para que el Tolima «tome las riendas de su destino».

El llamado de Reyes y Mora es claro: el liberalismo debe volver a sus esencias o morirá. Jaramillo, desde su digna renuncia, les da la razón. La esperanza no está en Bogotá, sino en los territorios donde aún se enarbolan, con orgullo, las banderas de la libertad y la paz.

El Tolima, hoy, es la trinchera de un liberalismo que se niega a claudicar.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba