Opinión

¿Qué prefieren? ¿Una gobernadora en vereda o un presidente en tarima aplaudido como foca?

Nunca olvidemos: el poder real no está en los micrófonos ni en las masas transportadas o convocadas.

Por: José Baruth Tafur.
Abogado Especialista en Marketing Político y Estrategias de Campaña Maestrante en Comunicación Política.

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

Cuando uno camina por una vereda, cuando se sienta a la sombra de un árbol buscando el fresco en un municipio como El Guamo, cuando escucha la voz humilde de una anciana sentada en la puerta de su hogar mientras cuenta sus penas y sueños, ahí y solo ahí se siente la verdadera pulsión del país. Ese latido cotidiano de la esperanza, de la carencia, del anhelo. Ese es el territorio que reclama el político con sentido; no la tarima espléndida, con dimensiones gigantes, que brilla con focos y subtítulos.

Vi las noticias sobre la visita del presidente Petro a Ibagué: un acto multitudinario que trae consigo buses y transportes desde otros municipios y departamentos para alentar las palabras del mandatario. Me queda una inquietud: ¿para quién y para qué sirven esos grandes eventos? Si no hay encuentro con lo real, con lo que duele, con lo que hace falta, se corre el riesgo de quedarnos contemplando un gran teatro político, elegante pero vacío.

Porque un acto multitudinario puede llenar plazas, y más cuando se cuenta con el presupuesto de la Nación. Se pueden generar titulares, viralizar discursos… pero de poco sirve si no se baja al suelo, si no se llega al sitio donde el pozo está seco —como en La Guajira, donde nunca llegó el agua, pero sí los sobrecostos de los carrotanques—, donde la escuela no tiene pupitres, donde la mujer campesina no puede cosechar porque no tiene semillas o donde, nuevamente, regresan los grupos armados. Ese acto pomposo solo sirve al ego si no está acompañado de voluntad, compromiso, acción concreta y seguimiento.

Colombia necesita un presidente que esté más tiempo a pie, recorriendo territorios, llevando agua y educación; no un político que llene parques con personas transportadas por el mismo gobierno. Es un mensaje para los representantes del Pacto Histórico y del Partido Verde: que no hagan campaña con la pobreza, sino que trabajen con quienes la padecen.

Nunca olvidemos: el poder real no está en los micrófonos ni en las masas transportadas o convocadas. Está donde la gente sufre y lucha. Allí debe estar el político que quiere servir. Porque solo allí, cuando camina junto a ellos, recoge sus lágrimas y teje sueños con su esperanza, nace la política digna.

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