Opinión

El vacío de las sillas del Pacto Verde Histórico: entre el show mediático y la necesidad del pueblo

Gobernar es algo más que trinar contra el contrario para inflar el pecho de los seguidores.

Por: José Baruth Tafur G. Abogado – Especialista en Marketing Político. Maestrante en Comunicación Política

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

La política moderna, especialmente aquella que se viste de “alternativa”, ha perfeccionado el arte del show mediático por encima del servicio al ciudadano. En el Tolima, este fenómeno tiene nombres propios y una metodología clara. Los recién electos representantes del ala Pacto-Verde, Renzo García y Marco Emilio Hincapié, parecen tener clara únicamente la narrativa de la oscuridad, posicionándose como supuestos salvadores. Han confundido la democracia y la oposición con un set de grabación, donde la prioridad es el ataque incendiario y la generación de emociones viscerales, en lugar de la gestión técnica para los ciudadanos.

Es la “política fácil” de cierta izquierda: identificar un enemigo, señalarlo con el dedo y encender las antorchas en redes sociales. Esta narrativa de confrontación constante busca mantener a su base electoral en un estado de indignación perpetua; un recurso efectivo para ganar clics, pero estéril para ayudar en la pavimentación de vías. Todo esto ocurre bajo la complicidad del silencio ante los escándalos del ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo. Sin embargo, la máscara del “cambio” se cae cuando se apagan las cámaras y llega el momento de la verdad administrativa.

El ejemplo más reciente y diciente ocurrió en la mesa técnica convocada por la alcaldesa Johana Aranda para unificar una agenda legislativa en beneficio de la ciudad y el departamento. Mientras la mayoría de la bancada tolimense, sin importar su vertiente política, se sentó a discutir proyectos de infraestructura, agua potable y desarrollo, las sillas de los representantes del Pacto-Verde quedaron vacías. Simplemente, no aparecieron.

Esta inasistencia no es un detalle menor; es la prueba reina de que su proyecto es, en gran medida, un espectáculo. Cuando la agenda requiere hablar de ciudad, de presupuestos, de tecnicismos y de acuerdos por encima de las diferencias ideológicas, estos líderes se desvanecen. Parece que solo saben existir en el conflicto; en el consenso no tienen nada que aportar, pues viven del show y de la desgracia ajena.

Es lamentable que algunos congresistas, supuestamente progresistas, dejen fuera de su agenda las peticiones al Gobierno nacional en favor del pueblo. Y es lógico: ¿qué van a pedir si no conocen las necesidades técnicas de la ciudad? ¡En el desayuno se sabe cómo será la cena! Todo se resume en ambición personal, sed de poder y dinero; un choque de egos que prefiere el ataque personal antes que el diálogo institucional.

Gobernar es algo más que trinar contra el contrario para inflar el pecho de los seguidores. Es asistir, proponer y, sobre todo, poner la cara ante las autoridades locales sin importar el color político. Mientras Renzo García y Marco Emilio —con un Coljuegos utilizado para contratar amigos— sigan priorizando la narrativa del odio emocional sobre la gestión regional, seguirán demostrando que su “política de la vida” es, en realidad, una política de la ausencia y el espectáculo.

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