Opinión

No a los politiqueros oportunistas del “ambientalismo”, del “Pacto Verde Histórico”, que solo aparecen para el show

El silencio no es casual. Es político.

Por: José Baruth Tafur G. Abogado  – Especialista en Marketing Político у Estrategias de Campaña. Maestrante Comunicación Política

Hoy el país necesita ciudadanos que incomoden a todos por igual, no politiqueros oportunistas con narrativas que seleccionan sus batallas según el cálculo político. El país necesita coherencia, no espectáculo.

En la política local, el partido del señor presidente, el Pacto Verde Histórico, siempre actúa como de costumbre, con un fenómeno tan dañino como evidente: el populismo del show. Ese en el que los integrantes del Pacto Verde Histórico, ya sean concejales o representantes, prefieren el lente de la cámara, el micrófono y la crítica fácil, antes que la responsabilidad de gobernar y construir.

Caso concreto: hace pocos días, la alcaldesa de Ibagué, Johana Aranda, convocó a la bancada tolimense para construir una agenda legislativa en favor de la ciudad, abordando temas fundamentales como infraestructura, conectividad, desarrollo rural y transporte público.

Era el escenario perfecto para dejar a un lado las diferencias políticas y demostrar compromiso con el territorio. Sin embargo, mientras varios congresistas asistieron y dieron la cara, los representantes del Pacto Histórico, entre ellos Renzo García y Marco Emilio Hincapié, simplemente no aparecieron, priorizando otros espacios. ¿Priorizaron la mermelada? ¿Y entonces en qué quedó el pueblo ibaguereño?

Y ahí es donde se cae el discurso.

Porque resulta muy fácil cuestionar cada decisión de la alcaldesa, construir narrativas de indignación y posar como oposición permanente. Pero, queridos integrantes del Pacto Histórico Verde, ustedes no aparecen cuando llega el momento de sentarse a construir soluciones reales. El silencio y la ausencia hablan más fuerte que cualquier discurso.

Eso no es oposición.
¡Eso es oportunismo!

Se ha vuelto evidente un patrón: criticar da visibilidad; construir exige responsabilidad. Y algunos han decidido quedarse en lo primero. Han convertido la política en espectáculo, donde lo importante no es resolver problemas, sino llegar como los salvadores, los que no rompen ningún plato, para así atraer el descontento.

Pero el problema va más allá del escenario local. Porque quienes hoy atacan con vehemencia a la administración municipal guardan un silencio casi absoluto frente a las decisiones del Gobierno Nacional.

Un claro ejemplo es que, mientras se habla de crisis fiscal y de limitaciones presupuestales, surgen denuncias claras: no hay recursos suficientes para proteger los nevados, pero sí aparecen millonarias inversiones en cine. Un contrasentido que debería generar rechazo inmediato en quienes se autodenominan defensores del medio ambiente.

¿Dónde están entonces esas voces críticas?
¿Dónde está la indignación de quienes dicen representar las causas ambientales?

El silencio no es casual. Es político.

Porque es más fácil cuestionar a una alcaldía que enfrentar al propio gobierno. Es más rentable hacer oposición local que asumir una postura coherente frente al poder nacional. Y, en esa lógica, el ambientalismo, el discurso social y la defensa del territorio terminan convertidos en herramientas de conveniencia.

Hoy el país necesita ciudadanos que incomoden a todos por igual, no politiqueros oportunistas con narrativas que seleccionan sus batallas según el cálculo político. El país necesita coherencia, no espectáculo.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba