Opinión

Una mujer y la representación LGBTQ+ en la carrera presidencia

Hay cambios que llegan haciendo historia.

Por: José Baruth Tafur G. Abogado –Especialista en Marketing Político у Estrategias de Campaña. Maestrante Comunicación Política

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

La decisión del Partido Liberal de respaldar a Paloma Valencia para la Presidencia es una señal. Un mensaje. Una declaración de hacia dónde puede estar caminando la democracia colombiana.

Porque, si algo está dejando claro este nuevo momento político, es que la transformación, la renovación y la participación ya no están esperando permiso y hoy tienen rostro de mujer.

Durante décadas, las mujeres en Colombia han liderado nuestros hogares, comunidades, empresas, luchas sociales y procesos ciudadanos. Han estado presentes en los momentos más difíciles del país, de nuestras vidas, sosteniendo familias, construyendo oportunidades y levantando causas que otros no tendrían ni la menor idea. Sin embargo, el máximo escenario del poder político nacional está a la espera de abrirse.

Hoy esa historia puede cambiar.

La decisión de que sea una mujer representa la posibilidad de que, por primera vez, una niña en cualquier rincón de Colombia pueda mirar la Casa de Nariño y entender que ese lugar también puede pertenecerle.

Y cuando un partido tradicional como el Partido Liberal decide respaldar esa posibilidad, el mensaje adquiere un significado aún más profundo y esperanzador: Colombia está entendiendo que el liderazgo femenino no es una cuota, no es una concesión y mucho menos una tendencia pasajera. Es una necesidad histórica.

Pero esta transformación no llega sola. La presencia de representantes de la comunidad LGBTQ+ también habla de una democracia que empieza a abrir espacios reales para nuevas voces, nuevas historias y nuevas formas de representación social.

Una política que comprende que el país real es diverso, plural y profundamente humano.

Tal vez ahí está una de las señales más claras de verdadera transformación: cuando la política deja de hablar solo de inclusión y comienza a practicarla.

Cuando una mujer puede aspirar a la Presidencia con el respaldo de sectores que históricamente pensaban distinto.

Cuando la experiencia se une con la diversidad.

Cuando los partidos entienden que el futuro no se construye cerrando puertas, sino abriéndolas.

Y quizá, dentro de algunos años, recordemos este momento no solo como una campaña electoral, sino como el instante en que Colombia decidió que la transformación, la participación y la esperanza también podían escribirse en femenino.

Porque hay cambios que no llegan haciendo ruido.

Hay cambios que llegan haciendo historia.

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