Opinión

Ambientalistas de tarima, silencio frente al terrorismo fortalecido durante el Gobierno de Petro

Los terroristas son los responsables de sus crímenes, pero quienes promovieron y defendieron políticas que debilitaron la seguridad del país también deben responder políticamente.

Por: José Baruth Tafur G. Abogado – Especialista en Marketing Politico y Estrategias de Campaña. Maestrante Comunicación Política.

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada comprometen a este medio de comunicación.

El fortalecimiento de los grupos guerrilleros y las estructuras terroristas no ocurrió de la noche a la mañana. Detrás de esta realidad hay decisiones políticas, concesiones y discursos que terminaron debilitando la autoridad del Estado. Gustavo Petro convirtió la llamada “paz total’ en una bandera de Gobierno, mientras sus aliados políticos, entre ellos sectores progresistas del Partido Verde en el Tolima, aplaudían una estrategia que presentó a peligrosos delincuentes como gestores de paz y cuestionó a quienes exigían seguridad y autoridad.

Hoy, algunos de esos mismos sectores parecen querer deslindarse de su respaldo político y presentarse como ambientalistas ajenos a los cuestionamientos por corrupción que han rodeado al Gobierno que defendieron. Parecen olvidar los escándalos de los carrotanques de la UNGRD y las controversias que involucraron a personas del entorno presidencial, entre ellas Laura Sarabia y el círculo cercano de Verónica Alcocer.

Hoy, Planadas padece las consecuencias de esa realidad. Los terroristas vuelven a sembrar el miedo, producto de que no les dieron dulces; es una extorsión violenta. Destruyen hogares y arrebatan vidas inocentes. Entre las víctimas hay una bebé de apenas dos meses. ¡Qué dolor y qué indignación! ¿Quién responde por las comunidades que quedaron expuestas mientras el Gobierno del Cambió y Pacto Verde negociaban y concedían beneficios a quienes desafiaban al Estado?

Tampoco podemos olvidar a los dirigentes que defendieron esa política y hoy pretenden presentarse como referentes de moral y ambientalismo. Sectores del Pacto Verde y del liberalismo progresista respaldaron los beneficios concedidos a estructuras criminales, incluso cuando algunos de sus dirigentes tienen trayectorias políticas que merecen ser examinadas públicamente.

La contradicción es todavía mayor cuando recordamos que el Gobierno Petro, marcado también por escándalos como el de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo y los carrotanques de La Guajira, llegó a nombrar gestores de paz a antiguos jefes paramilitares como Don Berna, Macaco y Ramón Isaza.

Hoy Planadas llora a sus muertos y los tolimenses tenemos derecho a preguntarles a quienes aplaudieron esa estrategia: ¿no tienen ninguna responsabilidad política por sus consecuencias? Que sigan aplaudiendo como focas las tarimas de “Ibagué Casa”, convertidas en una cortina de humo para proyectar una imagen de dignidad y compromiso ambiental, mientras ayer aplaudían al Gobierno Petro y respaldaban una política que terminó favoreciendo políticamente a quienes hoy siembran terror en nuestros territorios. La paz no puede ser una excusa para fortalecer a los violentos, ni la reconciliación puede significar renunciar a la autoridad.

Los terroristas son los responsables de sus crímenes, pero quienes promovieron y defendieron políticas que debilitaron la seguridad del país también deben responder políticamente. ¡Planadas merece paz, no más discursos mientras sus habitantes entierran a sus muertos!

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