Opinión

¿Acuerdo político entre Aranda y Matiz?

Gobernadora y alcaldesa coordinan una sociedad más allá de los efectos que se deben dar en la capital tolimense.

Por: Edgar Antonio Valderrama Zabala

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

La designación de Hosman Fernando Osorio Bonilla, como director de Cultura de lbagué próximo a Alexander Castro, abrió un debate que redunda en actitudes del pasado de este último, cuando criticaba en forma agria el enfoque de Aranda frente a temas culturales. Osorio, sería el punto de partida de, si hay acuerdo, aún sigiloso, entre Adriana Matiz y Johanna Aranda, damas del poder, que al recibir ofensas, avivan amparadores  de oficio que asumen su custodia gratuitamente por presunta violencia de género. Las gobernantes, estarían yendo más allá de un acuerdo, encauzado a avalar inversiones, como la rehabilitación de la avenida Ambalá desde Entrerríos al Salado, El País, vía esencial para la conectar los barrios de la comuna 7 o la solución al anillo vial de Mirolindo y otras obras de infraestructuras. Ese acuerdo, también tendría un trasfondo electoral con miras a llegar enlazadas a las elecciones regionales de 2027.

El Partido Conservador y el Centro Democrático, son en alianza en el Tolima, son una misma cosa y en convicciones y objetivos y ellas, son sus voceras directas y tienen claro que su unión es clave para reducir el avance del Pacto Histórico que desea robustecerse  para ganar alcaldía y  gobernación y aprovechando las debilidades de Óscar Barreto por su estado de salud. Toman la iniciativa y empieza a tomar fuerza la alianza entre Matiz y Aranda; hay afinidad, pero también necesidad política bilateral, ellas entienden que avanzar  unidas, fusionadas y definir candidaturas resulta definitivo para su futuro político. La discusión va más allá y es, si el conservatismo está dispuesto a ceder la Alcaldía de Ibagué y centrarse únicamenteen la posibilidad de que el uribismo respalde al candidato a la Gobernación que defina Barreto.

La designación de Hosman Fernando Osorio, quien será inaugurado con un debate de control político por el concejal Camilo Acevedo, es un signo claro de que Aranda está dispuesta a asentir a las fantasías de Matiz y sobre todo escogiendo un personaje muy cercano a la órbita del secretario de Cultura del Tolima, contradictor suyo quien, apartado del barretismo, como buen lisonjero supo reacomodarse y hoy se mueve bajo la sombra y amparo de la gobernadora, donde no solo encontró refugio, sino poder y empuja sin disimulo, usando el cargo para promover su candidatura a la Alcaldía. Castro, no desaprovecha espacio social o micrófono para marcar una línea discursiva que busca imponer su aspiración, evidenciando, en eventos institucionales y amparado por el fisco departamental, que quiere reemplazar a Johana Aranda. Eso si, el funcionario, tiene que aclarar sí es amigo real de Óscar Barreto, con quien, afirma, tener comunicación diaria.

Apelando a sus inicios liberales como nortesantandereano que es y a su paso por esa colectividad en tiempos del denominado ‘grupo oro’, retornó “godo» con un curioso discurso de corte gaitanista, cargado de retórica y simbolismo político. El ya más candidato que servidor público, claramente quiere ser el ungido de la gobernadora para la Alcaldía de Ibagué y se ha concentrado en esa aspiración que genera reparos y fuerte competencia con el concejal Jorge Bolívar, quien ganó la nominación en 2022. Castro, recordado por su sociedad, con Rubén Darío Correa, asume la vocería en distintos espacios a los que no ha podido asistir la gobernadora y en esas intervenciones insiste en mensajes de ciudad y en la necesidad de hacer equipo y apelando a un discurso centrado en la justicia social que nunca ha practicado.

La pregunta que toma fuerza es si el funcionario, con evidente intención de aspirar a la alcaldía, debe dar un paso al costado y someterse, por primera vez, al pulso electoral sin el respaldo de un cargo público, en lugar de seguir proyectando su aspiración desde espacios financiados con recursos del Estado. Más aún, cuando en su intervenciones afirma que “debe haber ética en lo público”. Sus propias declaraciones, cargadas de retórica, sugieren que no debe utilizar su cargo para proyectar una aspiración política, sino apartarse del ejercicio institucional y concentrarse en una eventual campaña, sin ampararse en las ventajas que ofrece su condición de secretario de Turismo. De paso, evitaría comprometer la imagen de la gobernadora, quien también ha sostenido públicamente que ningún funcionario debe valerse de su posición para impulsar candidaturas. Por ahora, militando en el Partido Conservador, al que se incrustó en 2015  bajo la consigna “Liberales con Barreto”, dejó de lado su identidad ideológica para alinearse con el barretismo y actúa como un activista más respaldado con recursos públicos.

A ese interés por sellar una alianza con Johana Aranda se suma otro objetivo de Adriana Magali, intentar unificar al Conservatismo, fraccionado en los grupos de Miguel Barreto, Alejandro Martínez, José Elver Hernández, Óscar Barreto y la suya propia junto a Guillermo Alvira, tarea que implica alinear egos, cuotas de poder y moverse, incluso en contravía de las pretensiones de su presunto jefe Óscar Barreto. 

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba