
¿Alexander Castro, el as bajo la manga de Matiz para la Gobernación del Tolima?
Esa mezcla de astucia y perspicacia es la que tiene a la gobernadora Matiz evaluando seriamente su nombre. Si Borja se desinfla, Castro está listo para saltar a la cancha.
Aún faltan 15 meses para que el Tolima vuelva a las urnas, pero en el Palacio del Mango no paran. Mientras el resto de la oposición y los sectores alternativos siguen en la orfandad de liderazgos y sin un nombre de peso que logre cohesionar una propuesta mínimamente competitiva, el maticismo, bloque liderado por la gobernadora Adriana Magali Matiz, ha comenzado a barajar sus opciones, buscando asegurar la continuidad de su proyecto político en la Gobernación del departamento.
El primer movimiento del oficialismo fue Fernando Borja, exsecretario de Desarrollo Agropecuario. Analistas coinciden en que la prematura postulación de Borja podría ser un arma de doble filo: se aceleró, se lanzó al ruedo antes de tiempo y, por ley, el que mucho corre, pronto se quema.
Si bien Borja tiene a su favor un perfil conciliador y su bagaje como hombre de confianza de Óscar Barreto, trayectoria que le otorga un conocimiento profundo del intríngulis político, su talón de Aquiles es su falta de ‘chispa’ electoral y su limitada conexión con el electorado de a pie, hecho que no cala, no genera pasión y, para muchos, lo convierte en un candidato de escritorio que no mueve los cimientos de la opinión pública.
Es precisamente ante estas grietas en la precandidatura de Borja donde aparece el ‘as bajo la manga’ de la gobernadora Matiz: Alexander Castro Salcedo, actual secretario de Cultura del departamento.
A diferencia del perfil tradicional de Borja, Castro representa una versión más pragmática de la política barretista. Su trayectoria ha sido un ejercicio de supervivencia y ascenso silencioso. Durante cuatro años estuvo a la diestra del ‘altísimo’, Óscar Barreto, aprendiendo lo que significa el mando y el control territorial, y así logró transmutar su influencia para convertirse en la mano derecha y hombre de confianza de la actual mandataria.
Hoy, Castro no es solo un secretario de despacho; es el operador político que Matiz ha utilizado para los temas más espinosos. Su capacidad para tender puentes con sectores tradicionalmente distantes del conservatismo, sumada a una audacia táctica que sus críticos califican de ‘maquiavélica’, lo posicionan como un activo de alto valor. Para la gobernadora, Castro no es solo un funcionario; es el seguro de vida electoral ante un escenario donde la imagen de su administración debe traducirse en votos.
Esa mezcla de astucia y perspicacia es la que tiene a la gobernadora Matiz evaluando seriamente su nombre. Si Borja se desinfla, Castro está listo para saltar a la cancha.
La ventaja del maticismo no es solo su capacidad de organización y las buenas formas, sino el vacío que dejan los demás. El Partido Liberal y los sectores alternativos siguen sumidos en una parálisis preocupante: no se ponen de acuerdo, no tienen candidato y, lo que es peor, no tienen estrategia.
Mientras ellos siguen buscando quién los represente, el barretismo continúa definiendo si juega a lo seguro con el exsenador, o si se arriesgan con el exgobernador Ricardo Orozco o Geovanny Molina, actual diputado.
La Gobernación no se gana con buenas formas; se gana con estrategia y capacidad de reacción. Adriana Magali Matiz lo sabe y tiene en Alexander Castro al hombre que no solo conoce cómo se mueve la maquinaria, sino que sabe cómo aceitarla para que no se detenga.
Si Borja no logra despegar, la jugada del maticismo es no dejar perder el poder por falta de un candidato audaz. Alexander Castro está esperando su turno, moviendo los hilos y listo para capitalizar la debilidad de unos oponentes que, hoy por hoy, no parecen tener un nombre que logre consolidar una candidatura, incluida la de su mentor o la ficha a la que este eventualmente decidiera ungir.



