Opinión

El clan Hurtado y el exalcalde Medardo Ortega, joya del escándalo de ‘Las Marionetas’

"Condenados que se abrazan en tarima, escenarios deportivos en ruinas y una ciudadanía que parece acostumbrarse al descaro."

Por: Jose Baruth Tafur Gutiérrez. Abogado – Especialista, Universidad Externado. Maestrante en Comunicación Política, Universidad Externado.

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

¡Dime con quién andas y te diré quién eres! Te lo dirían tus abuelos o tus padres, y no es para menos. El jefe del clan Hurtado y su hermana decidieron unirse y hacer campaña con una figura que, aunque no brilla por su transparencia, sí carga con una sentencia judicial: el exalcalde Medardo Ortega, joya del escándalo de ‘Las Marionetas’. Y no, no fue un error de agenda.

Fue un acto deliberado, con cinismo, aplausos y fotos sonrientes. Porque nada dice “confianza” como abrazar a un condenado por corrupción frente a toda una comunidad. Ahora, en representación de todo lo malo, buscan tener candidata a la Cámara. ¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo el saqueo del clan? El mensaje es claro: “Si robó, fue porque pudo. Y ahora puede ayudarme a que yo también pueda”.

Mientras tanto, el polideportivo de Bocaneme se descompone lentamente, como la dignidad pública. Los jóvenes entrenan entre huecos y maleza, acompañados de canchas donde no se dribla, sino que se esquivan escombros.

Pero volvamos al show. Lo que vimos no fue solo una foto desvergonzada con el exalcalde Medardo Ortega, sí, la joya del escándalo de ‘Las Marionetas’, fue un desfile de impunidad institucionalizada. Como si alguien hubiera dicho: “¿Y si normalizamos la corrupción, pero con espuma y pancartas?” Y todos aplaudieron. Porque aquí, al parecer, los prontuarios se lavan con votos y las condenas se convierten en medallas.

¿Quién necesita ética? Cuando el pueblo de Armero Guayabal o la ciudad de Ibagué enfrenta escándalos de corrupción, obras inconclusas, malla vial destruida y necesidades básicas insatisfechas, ¿para qué integridad si basta con una tarima y un condenado bien abrazado para posicionarse en redes? En tiempos donde el cinismo es moneda corriente, los nuevos políticos que se hacen llamar ingenieros no se avergüenzan de sus alianzas; es más, las presumen, como cómplices.

Y eso nos deja con la eterna pregunta: ¿qué está realmente en decadencia? ¿Los escenarios deportivos de los sectores populares, abandonados por la Alcaldía, o el criterio ciudadano, abandonado por el sentido común? Porque entre pasto crecido, baños clausurados y estructuras colapsadas, hay algo aún más deteriorado: la vergüenza pública.

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