
El discurso del terror y la duda predecía el fin de la libre empresa, y los grupos económicos cerraron con utilidades récord
El Grupo Aval, de Luis Carlos Sarmiento Angulo, dio utilidad de $1.72 billones, que significó un incremento del 69.6%.
Por: Edgar Antonio Valderrama Zabala.
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Durante el actual gobierno, se situó en la discusión pública una señal apocalíptica, aterradora, espantosa: la llegada de Gustavo Petro al poder era el fin de la nación, de la libre empresa, el desplome de la economía, el caos y la transformación de Colombia en una inviable nación marxista. Mucho se dijo ,y todavía se escucha, que Colombia sería otra Cuba, otra Venezuela, se espantaría la inversión extranjera, la fortuna de los colombianos se iría al piso, las empresas cerrarían, crecería el desempleo y el dólar volaría.
Nada de eso ocurrió y a meses del fin del mandato Petro, los grupos económicos han notificado sus resultados financieros de 2025. Nutresa, de la familia Gilinski, reportó utilidades de $1.2 billones, 63% más que en 2024; sus ventas alcanzaron los $20.6 billones, 10.7% más que el año anterior. En el mercado local, las ventas de esta compañía fueron de $12.3 billones un crecimiento del 9.9%.
El Grupo Aval, de Luis Carlos Sarmiento Angulo, dio utilidad de $1.72 billones, que significó un incremento del 69.6%. Los bancos ganaron en el sector financiero $17.7 billones, un aumento del 103% frente a $8.7 billones del 2024. El sector del turismo reportó beneficios por más de 10 billones y en esa misma dirección van empresas como el Grupo Éxito y Argos.
La agricultura creció 7,1% en 2025 y las exportaciones agropecuarias alcanzaron USD 11.478 millones, un aumento del 13,9% frente a 2023 y 40% más que en 2022. La industria nacional creció 3,7%.
Se promovieron las confecciones y se apoyó a madres confeccionistas con crédito y reducción de aranceles. El crédito para asociaciones campesinas e industriales creció 263%, favoreciendo a sectores como el arroz, la leche y el café. Con estas cifras, esa narrativa perversa quedó rebatida: No nos volvimos como Cuba o Venezuela, ni el ‘castrochavismo’ (que nunca ha existido), ni el comunismo, se tomó el país. Es atractivo ver cómo los balances financieros van por lado contrario al de los discursos de pánico económico de las viudas del poder.
Los datos, son la imagen de un país que, lejos de arruinarse, genera riqueza en niveles récord, bajando el desempleo, la inflación, la desigualdad y el precio del dólar. Se dignificó el trabajo de soldados y policías, además de proteger a los más necesitados a los viejos y a los niños y miles de jóvenes llegaron a las aulas universitarias en forma gratuita, se recuperaron las tierras en manos de mafiosos y políticos sin escrúpulos y las entregó a los campesinos.
Hay admiración en el exterior justamente por el manejo de la economía y prueba de ello es el reconocimiento global a un Presidente inteligente, frentero y sobre todo humano, que consolidó el país como el de la belleza, logrando la presencia de millones de turistas que no creyeron en la catástrofe anunciada.
Mientras el discurso, la arenga, la perorata, del desastre sirve para agitar banderas electorales y sembrar inseguridad general, los grandes consorcios acumulan enormes utilidades. Mi estimado lector es hora de dejar los relatos de catástrofe y empezar a discutir lo verdaderamente apremiante: por ejemplo: cómo esa ganancia de los poderosos se traduce en bienestar real para el resto de la sociedad.
Si a los dueños del país les va tan bien en este modelo, tal vez Colombia no era también orientada como nos lo quisieron hacer creer; claramente, el terror, el miedo, el sobresalto, era la estrategia para que nada cambiara. Ahora, hay preocupación por las grandes obras? Pues se han construido, hospitales, colegios, universidades y vías en el sector campesino que ha sido el más olvidado y a precios justos.
Las grandes autopistas, como la Ruta del Sol o la vía al llano, quedaron relegadas, pero ha sido, curiosamente por la corrupción que se ha presentado con contratistas inescrupulosos, que se traduce en presupuestos inflados, pago de coimas, una gran cantidad de elefantes blancos y obras que se caen o deterioran en menos del tiempo estipulado, lo que era necesario parar, aclarar y planificar.


