Opinión

Hurtado, un ídolo con pies de barro

La dicha duró poco, al notar su precaria situación, se alejaron, se bajaron del bus.

Por: Edgar Antonio Valderrama Zabala

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

A un mes de elegida Johana Aranda alcaldesa de Ibagué, Andrés Fabian Hurtado, enunció el temor que tenía por el gobierno que él mismo había erigido y dijo: “Mi preocupación es Juan Arturo Gutiérrez”. Hablaba del esposo de Aranda, quien según él, es “demasiado ambicioso” y podía ser el anillo más débil de su trato con la alcaldesa. Iniciando el mandato ya se gestaba una separación callada. Funcionarios, políticos y contratistas aceptaron que existía un plan. No muy claro, pero sí notorio, para tomar distancia de Hurtado sin escándalo. La táctica, fue esbozada desde el círculo íntimo de Aranda. Juan Arturo y Carlos Edwar Osorio representante a la Cámara, tutelaron un tanteo de autonomía institucional ya que Hurtado había colocado a Magda Herrera, su alfil, en la Secretaría General y protegía áreas sensibles con fieles seguidores de él.

La ruptura no se frustró. Aranda sacó a Herrera, a Jonathan Suárez, Secretario de Infraestructura primo de Hurtado a Juan David Ortiz, estratega de comunicaciones y una docena de funcionarios más. Una fuente cercana a Aranda lo sintetiza con dureza: “Alba Esther Ramírez le ha dicho a Johana que gobernara sola, que no le debe nada a Andrés”. La excongresista y suegra de la alcaldesa, no solo fue financiadora de la campaña, sino su consejera. El activo político, es Juan Arturo quien iniciado el gobierno, citó al equipo de comunicaciones y enunció su intención de una aspiración a futuro. Pidió reforzar sus redes, originar contenido y posicionar su imagen como Gestor Social.

Luego salió la contratación, el gobierno notificó el inicio de inversión del empréstito por 150.000 millones aprobado por el indigno Concejo Municipal, la mayor bolsa de dineros para obras de la Alcaldía. Y como era predecible, el control de esos dineros creó tensión. Aranda apartó figuras del gobierno pasado como Diego Herrán, liado en escándalos que nutren expedientes judiciales. Las luchas por la adjudicación de contratos, son directas.

Hurtado, que quiere ser gobernador, plantea una trato tenso con la gobernadora Matiz, bloquea proyectos como el viaducto de Mirolindo. Aranda, se distancia y pacta mesas técnicas con Adriana Magali mientras en su entorno le repiten que Hurtado es un lastre, que obscurece su discurso de evolución, que romper con él es urgente. Y en medio de esa torbellino, Aranda afronta procesos penales y disciplinarios por decisiones de Hurtado: el puente de la 60, injerencia en el Hato de la Virgen que le costó medida de arresto por 15 días. Hurtado pide que no lo implique, que se resguarde sola.

Pero expedientes y responsabilidades son compartidos, que Aranda pague sola las malas decisiones del gobierno anterior es arruinar su vida política y personal.

Los ciudadanos, ven el derrumbe de su proyecto político, que nació bajo el método de la obediencia total y Aranda sacudió el molde. Ya lo había hecho Hurtado al abandonar a Óscar Barreto 19 meses después de su elección como alcalde Johana Aranda a los 18.

La política, exige inteligencia, estrategia, maniobra, astucia, humildad. Hurtado creyó que bastaba con la fuerza del poder y del dinero para convertirse en cacique y lo suyo solo fue un ascenso tan acelerado como frágil y su caída, no asombra: tejió un castillo de naipes sostenido por contratos, lealtades compradas y ambición mal guiada.

Hurtado llegó a la Alcaldía cobijado por Barreto. Pero, como suele pasar con los delfines que se creen tiburones, se rebeló contra él y montó tolda aparte: ”El Hurtadismo”. Un grupo sin ideología, sin militancia pero con dinero y contratos. Así suma oportunistas y políticos sin norte, con votos de clientela Liberal, Cambio Radical, la U, Centro Democrático y Mira, alucinados con el sonido de las monedas.

Con Aranda alcaldesa, Andrés posicionó a su hermana Carolina en el juego electoral. Pero el poder mal oficiado es bomba de tiempo y Hurtado no supo percibir la política. Quiso controlar a Aranda como una ficha dócil, y cuando ella resistió, refutó con soberbia y violencia verbal. El hecho, en el que se proclamó “padre” de Aranda y la diputada Yully Porras y las calificó de “tontas y necias” por no cumplir a sus deseos, más que torpeza, fue muestra de una forma opresora que no tiene cabida en la política de hoy.

Humilló a la alcaldesa y mientras intentaba contener los efectos, su hermana pedía diálogo sin dar disculpas. Aranda, no cedió, se alió con otras líderes y la gobernadora para indicar: el ataque a las mujeres no se tolera.

Hoy Hurtado afronta un espacio hostil: sin Alcaldía, sin burocracia, sin representante a la Cámara, sin burocracia, sin IBAL, sin alianzas y sobre todo sin confianza, perdió hasta el manejo de la U al salir mal en las elecciones parlamentarias. Ahora, quien pondrá su capital político al servicio de quien no entendió que el poder no se perpetúa con prepotencia.

Los golpes recibidos, luego de ser fabricado como ‘líder’, por artículos y micrófonos de poca credibilidad, son letales. Lo dejaron en grave estado de salud política. Hurtado, es modelo de esos actores de novela creados a cambio de millonarias sumas en difusión y sobornos. No es hecho en luchas populares o exposición de proyectos y programas sociales, culturales, económicos o de desarrollo. No es un interlocutor con alto nivel intelectual.

No tiene ideología política y por ello, en corto tiempo cambió de partido cinco veces: Liberal, Conservador, Centro Democrático, Cambio Radical y la U. No tiene contextos éticos para ser ejemplo de jefe político o pastor religioso como además cree serlo, es un ídolo con pies de barro, fruto de millones invertidos en publicidad, dinero que salió de los impuestos que pagaron los ibguereños.

¿Los autores? medios y periodistas que se prestaron para erigir una figura que propagaron, en el colmo del descaro, como “el mejor alcalde de la historia de Ibagué”, cuando, solo forjaron una figura, hueca, sin estructura y menos talla de jefe. Los grandes recursos que invirtió en construir una imagen, no alcanzaron para tapar su falta de capacidad para perfilarse como un genuino dirigente y aterrizó en lo que es: un mediocre inflado con informes y comentarios falsos y pagos. Nació de una mentira, de una nómina de ‘periodistas’, amigos de algunas iglesias evangélicas y agitadores políticos que se la pasan rebuscando plata en los directorios de todos los partidos.

Mientras detentó el poder como alcalde y hasta el grito de firmeza de Johana Aranda, tuvo a contratistas y burócratas, que le hicieron llevadero su liderazgo, hasta perder, por falta de lealtad y de respeto a sus aliados y su ambición de querer tener todo el poder a su servicio.

Hurtado incitó a sus aliados a derrocar a Óscar Barreto. En ellos había del Mira, Centro Democrático, Cambio Radical, la U y un sector Conservador orientado por el senador Miguel Barreto y José Elver Hernández, Liberales como el concejal Javier Mora, el diputado Carlos Reyes.

La dicha duró poco, al notar su precaria situación, se alejaron, se bajaron del bus. La estructura de Hurtado, vivía montada sobre burocracia municipal, órdenes de prestación de servicios, contratos y el hambre de personas, que por necesidad, sirven al gamonalillo de turno.

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