
La Constituyente: perderíamos todos nuestros derechos
Por: José Baruth Tafur G. Abogado -Especialista en Marketing Político y Estrategias de Campaña. Maestrante Comunicación Política.
Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.
¿Qué pasaría si mañana un grupo de personas tuviera la facultad de cambiar los derechos, que nos quitaran las herramientas para hacer cumplir nuestros derechos que están en la Constitución? Hablo de cambiar todas las reglas que permiten salir a protestar y exigir nuestros derechos.
Eso es, precisamente, una Asamblea Constituyente.
Muchos la presentan como una oportunidad para solucionar los problemas de Colombia. Pero lo que no dicen es que precisamente la Constitución es la que nos otorga todos los derechos y que son quienes administran el gobierno nacional quienes incumplen. Qué conveniente que pocas veces se explica que una constituyente no es una reforma específica. Es un proceso que abre la posibilidad de cambiar los pilares sobre los que funciona el Estado. Ya nadie podría supervisar a un presidente; el poder sería absoluto.
Y ahí radica el verdadero riesgo.
Cuando un candidato presidencial del Pacto Histórico, y cualquiera que venga con la idea de convocar una constituyente, lo único que existe es miedo, porque, una vez instalada, sus integrantes pueden debatir asuntos relacionados con la organización del Estado, el sistema político, quitarle vocería a la oposición, la estructura de las instituciones, los derechos de los ciudadanos y el funcionamiento de los organismos de control.
Por eso se suele afirmar que una constituyente abre una hoja en blanco. No porque desaparezca automáticamente todo lo existente, sino porque permite quitar a libre disposición todos los aspectos fundamentales de nuestra Constitución, que hoy rige a Colombia.
La Constitución de 1991 estableció algo esencial para cualquier democracia: la división del poder. Ninguna autoridad puede gobernar sola. El presidente tiene límites. El Congreso tiene límites. Las cortes tienen límites. Los organismos de control ejercen vigilancia sobre quienes toman decisiones. Todo el sistema está diseñado para evitar que una sola persona o una sola fuerza política concentre demasiado poder.
Ese modelo no existe por casualidad.
Los constituyentes de 1991 entendieron que las democracias más sólidas son aquellas donde existen contrapesos efectivos. Cuando una institución se excede, otra puede corregirla. Cuando una autoridad se aparta de la Constitución, existe un juez que puede intervenir. Cuando un gobierno intenta ir más allá de sus competencias, existen mecanismos para detenerlo, y en este punto queda la inquietud: ¿cómo ciudadano permitirías que quienes nos gobiernan hagan lo que quieran?
A veces, el mayor riesgo para una democracia no es cambiar un gobierno, porque aún tenemos el derecho de cambiar cada 4 años, pero ¿y si nos quitan el derecho de elegir? Esto se trata es de cambiar las reglas que limitan el poder de todos los gobiernos.


