Opinión

La tarima del viernes de Petro: una vitrina de oportunistas y cómplices de la reelección

Es un llamado a no permitir que nuestra Constitución sea modificada: es nuestra garantía.

Por: José Baruth Tafur G.
Abogado Especialista en Marketing Político y Estrategias de Campaña. Maestrante en Comunicación Política.

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

El viernes pasado, en la Plaza Manuel Murillo Toro, cuando se levanten las tarimas, se monten los parlantes y lleguen los buses contratados para transportar personas desde otros departamentos y municipios las mismas que harán resonar aplausos ensayados, en ese instante se verá con claridad lo que muchos sospechan: no será una celebración del pueblo, sino un desfile de oportunistas.

Los que salten al escenario junto al presidente Petro reafirmarán su lealtad al proyecto reeleccionista de la izquierda y avalarán la convulsiva idea de una Asamblea Nacional Constituyente que modifique la Constitución a su conveniencia.

Que no nos engañen los discursos emotivos ni las consignas llamativas, porque al frente estarán los mismos de siempre: quienes aspiran a asegurarse cargos, cuotas de poder, reconocimiento mediático; aquellos que buscan llegar a la Cámara de Representantes por el Pacto Histórico, el Partido Verde o el Partido Liberal. Los mismos que, si les pagan bien o les prometen un futuro cómodo, no dudarán en caminar a la sombra del gobernante de izquierda.

Estarán ahí para tomarse la foto. Estarán ahí para decir: “yo sí apoyé”, “yo estuve”, “yo estuve con Petro”, “yo quiero una modificación a la Constitución”. Eso dirán, con una sonrisa en el rostro.

Pero este acto no es inocente

Primero, porque se trata de una convocatoria presidencial que pretende adelantar una reelección de un gobierno de izquierda, seguida de una Asamblea Constituyente, una idea que ya ha servido como bandera electoral. Es decir, se anticipa una modificación profunda al marco constitucional, y se exige que quienes suban a esa tarima no solo aplaudan, sino que firmen con su silencio su complacencia. Que declaren desde el escenario su sumisión anticipada al nuevo orden que se quiere imponer.

Segundo, la imponente logística del evento el control de movilidad, el blindaje, la seguridad recuerda que no fue un acto espontáneo, sino cuidadosamente organizado para imponer un mensaje público. Ese despliegue busca transmitir poder, solemnidad e inevitabilidad. El efecto simbólico: “mira cómo me acompañan”. Pero, ¿acompañan o se venden? ¿Nos están vendiendo?

Querido pueblo: quienes asisten a esa tarima como cómplices del espectáculo avalan implícitamente el atajo al orden constitucional, si se pretende imponer la Constituyente sin el debate y los consensos necesarios.

El presidente Petro ha manifestado que hay aspectos de la Constitución de 1991 que deben cambiarse; ha arremetido contra ella y ha dejado entrever que desea ir más rápido de lo que permiten los frenos institucionales. Ese “ir más rápido” da escalofríos cuando quienes te acompañan en la tarima no son gente de principios, sino de conveniencia.

Este es un llamado a los ciudadanos para que observemos a las personas que se suban al escenario y abracen al presidente Petro los mismos que ya manifestaron públicamente su respaldo, porque en ese momento quedarán con el rostro descubierto quienes venden nuestros derechos.

Es un llamado a no permitir que nuestra Constitución sea modificada: es nuestra garantía, nuestro límite, y para protegerla no podemos guardar un silencio cómplice ante quienes buscan engañarnos pidiendo el voto para la Cámara de Representantes con el propósito de apoyar más adelante las ideas reeleccionistas del presidente Petro.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba