Opinión

Los concejales liberales y verdes oportunistas: cuando el café se vuelve rentable en política

Por: José Baruth Tafur G. Abogado – Especialista en Marketing Político y Estrategias de Campaña. Maestrante Comunicación Política.

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

En política existe una cosecha que nunca falla: la del oportunismo. Hay dirigentes que pasan años ignorando un sector productivo, que no ejecutan absolutamente nada y, de repente, cuando este empieza a dar resultados, aparecen con una taza de café en la mano, una fotografía para las redes sociales y un discurso que pretende hacer creer que siempre estuvieron del lado de los caficultores.

Eso parece estar ocurriendo hoy en Ibagué.

Resulta llamativo escuchar a algunos concejales del Partido Liberal y del llamado Pacto Verde hablar con entusiasmo del café, como si durante más de una década hubieran convertido este producto en una prioridad de su agenda pública. Particularmente llama la atención el caso del concejal Javier Mora, quien completa cerca de doce años en el Concejo de Ibagué. La pregunta es inevitable: ¿cuántos debates de control político impulsó durante ese tiempo para fortalecer la cadena cafetera, cuando el jefe de su partido, Mauricio Jaramillo, manejaba los hilos del gobierno municipal y departamental? ¿Qué acuerdos promovieron para internacionalizar los cafés especiales? ¿Qué iniciativas lideraron para posicionar a Ibagué como destino cafetero?

Las respuestas deberían encontrarse en su gestión, no en los discursos de temporada.

Porque una cosa es sumarse a una tendencia cuando ya produce réditos políticos y otra muy distinta haber trabajado para construirla.

Durante años, el Partido Liberal tuvo una enorme influencia en la política regional bajo el liderazgo de Mauricio Jaramillo. Posteriormente, su colectividad, al igual que la del Pacto Verde, hizo parte de la coalición que respaldó al Gobierno nacional encabezado por Gustavo Petro. Sin embargo, el café nunca ocupó un lugar central dentro del discurso político de ese sector con la intensidad que hoy pretenden mostrar.

Paradójicamente, ha sido en los últimos años cuando el departamento y la ciudad han convertido el café en una verdadera estrategia de desarrollo territorial.

Se trata de construir una marca de ciudad y de departamento, en la que el Palacio del Mango fue quien estructuró e impulsó lo que vemos hoy como el auge del café. De ello dan cuenta los resultados: abrir mercados, fortalecer a los productores, impulsar el turismo, generar valor agregado y entender que el café dejó de ser únicamente un cultivo para convertirse en una industria cultural, gastronómica y económica.

El ejemplo más reciente, y del cual el gobierno nacional saliente debió aprender, fue el Ibagué Café Festival 2026, cuya jornada inaugural reunió a más de 10.000 asistentes, con la participación de alrededor de 100 expositores, 65 productores y representantes de cinco países, consolidándose como una de las vitrinas cafeteras más importantes, tomando como ejemplo la ejecución del gobierno departamental.

Esos resultados no aparecen de un día para otro.

Son consecuencia de decisiones administrativas, inversión pública, articulación institucional y continuidad en una política que ha buscado posicionar al Tolima y a Ibagué como referentes nacionales del café especial.

Por eso resulta difícil no percibir cierto oportunismo cuando algunos actores políticos descubren repentinamente su pasión por el café justo cuando este comienza a producir reconocimiento, turismo y dividendos políticos.

Es la vieja costumbre de llegar cuando la mesa ya está servida: mientras unos sembraban, otros guardaban silencio.

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