Opinión

Melgar: pan y circo, un pueblo que quieren engañar vestido de amarillo, el negocio del siglo

La próxima vez que vea a un candidato regalando un concierto, acuérdese: ese despilfarro es para que se dé aires cuando le suba los impuestos.

Por: Jose Baruth Tafur Gutiérrez. Abogado- Especialista, Universidad Externado. Maestrante en Comunicación Política, Universidad Externado.

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

En Melgar, esta elección trae consigo claros asomos de corrupción: un candidato vestido de amarillo que le quita la vida a las mascotas y que, con dinero de dudosa procedencia, monta tarimas más grandes que el parque principal, sonido de concierto de reguetón, regalos que más adelante se cobrarán y promesas que ni un gobierno de izquierda chavista se atrevería a formular. Pero no se equivoque: no es generosidad, es inversión. Y, como toda inversión, se recupera a punta de contratos y de arruinar a Melgar.

Y aquí entra la joya de la corona: Andrés Fabián Hurtado, exalcalde de Ibagué, investigado por presunto enriquecimiento ilícito, peculado e interés indebido en contratos. El hombre que pasó de servidor público a “investigado por sus lujos”: mansión en Reservas del Campestre, viajes VIP y campañas adelantadas con prendas de vestir más caras que un salario mínimo. Todo un ejemplo. ¡Pregunten cómo dejó Ibagué! ¡Pregunten por el elefante blanco de un puente fantasma, un puente inexistente!

Este tipo de alianzas son las que empobrecen a nuestro pueblo. Son aquellos que meten la mano en campañas con carpas y luces, y luego pasan la factura: contratos inflados, obras fantasmas y deudas que duran más que su mandato. Es como prestarle el carro a un borracho y sorprenderse cuando se lo devuelve estrellado; o, peor aún, como darle la administración de un aeropuerto y que lo utilice para piques ilegales.

Mientras tanto, el pueblo recibe lo de siempre: calles llenas de huecos, hospitales sin insumos, inseguridad rampante y un futuro hipotecado. Pero eso sí, en campaña hubo sancocho gratis y música a todo volumen. ¡Qué detalle!

¿La fórmula del desastre? Gastar como rico en campaña, recuperar la inversión con contratos amañados y dejar el municipio como un basurero, pero con tarima bonita para las fotos del recuerdo.

La próxima vez que vea a un candidato regalando un concierto, acuérdese: ese despilfarro es para que se dé aires cuando le suba los impuestos. Y recuerde que la olla estará vacía, con el desespero de la falta de oportunidades. Porque, en este “negocio electoral”, usted no elige a un servidor público… elige a su próximo acreedor.

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