Opinión

MIRA y su cercanía con el clan Hurtado

MIRA no puede lavarse las manos diciendo que “no sabía”.

Por: José Baruth Tafur G.
Abogado Especialista en Marketing Político y Estrategias de Campaña. Maestrante en Comunicación Política.

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

Ibagué aún carga con los escándalos de gobiernos pasados y actuales. Basta recordar, por ejemplo, el caso de un exalcalde de Ibagué, jefe del clan Hurtado. Su paso por la Alcaldía de la capital del Tolima no ha estado libre de sombras. Contra él y su administración han surgido múltiples investigaciones y señales de alerta. La Contraloría Municipal encontró malos manejos por más de $31.000 millones durante su gobierno, con hallazgos que incluso podrían tener alcance penal, fiscal y disciplinario.

Más preocupante aún es un reportaje reciente que describe cómo procesos fiscales que implicaban al exalcalde fueron archivados de manera irregular, lo que podría constituir abuso de autoridad u omisión deliberada, afectando la transparencia y la rendición de cuentas sobre más de $59.000 millones, según una denuncia ciudadana presentada ante la Fiscalía y la Procuraduría.

Lo grave no es solo lo que ocurrió en la Alcaldía. Lo verdaderamente preocupante es quiénes hoy deciden hacer fila para proteger y reciclar ese poder. En ese escenario aparece el partido MIRA, un movimiento que se vende como ético y distinto, pero que en la práctica termina jugando en la misma cancha del clan Hurtado.

En los corrillos políticos del Tolima se habla de presuntos favores, y repito, “presuntos” y de altos costos para integrar listas a la Cámara, versiones que reflejarían el nivel de degradación de un partido que alaba a Dios. Cuando un partido que predica moralidad guarda silencio frente a estructuras cuestionadas, ese silencio se vuelve complicidad.

MIRA no puede lavarse las manos diciendo que “no sabía”. En política, las alianzas también son decisiones morales. Hacerle juego al clan Hurtado rodeado de investigaciones y escándalos es traicionar el discurso de transparencia que tanto proclaman. Es momento de decir basta a la manipulación del creyente.

En Colombia, la corrupción no solo vive en los contratos mal hechos, sino también en los partidos que prefieren, “presuntamente”, unirse para obtener un cargo de elección, manchado por la codicia, ya sea presuntamente para obtener apartamentos otorgados por obra y gracia del Espíritu Santo o 400 favores. Y cuando eso pasa, ya no hay diferencia entre el clan y quienes hablan de Dios.

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