
No llenaron el Murillo Toro pese al aparato nacional
En ese contexto, la imagen de un parque a medio llenar no es simplemente un dato anecdótico: es una señal política.
Por: José Baruth Tafur G. Abogado – Especialista en Marketing Político у Estrategias de Campaña. Maestrante Comunicación Política
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Hay hechos políticos que dicen más que cualquier encuesta. La reciente visita de Iván Cepeda Castro a la ciudad de Ibagué deja mucho que pensar, no por lo que se dijo en el discurso, sino por lo que se vio en la plaza. La concentración fue convocada en el tradicional Parque Manuel Murillo Toro, un escenario históricamente utilizado para medir la temperatura política del Tolima, y aun así la imagen fue la de una asistencia moderada, lejos de la movilización que se esperaba, teniendo en cuenta que se trataba de una visita con respaldo del Pacto Histórico, presencia de dirigentes nacionales y el acompañamiento de estructuras políticas que, en teoría, debían mostrar músculo electoral.
Según la convocatoria, el evento buscaba fortalecer la campaña en el departamento y consolidar adhesiones con miras a la primera vuelta, incluso con el apoyo de congresistas y dirigentes regionales del petrismo.
Pero, más allá del anuncio, lo que deja interrogantes es la percepción que quedó entre los ciudadanos: el parque no se vio lleno; siendo objetivos, la tarima ocupó una gran parte del escenario y la movilización no reflejó lo que se alardea. Esto, en política, no es un detalle menor.
El Murillo Toro ha sido históricamente un termómetro electoral; cuando hay entusiasmo, se nota; cuando hay dudas, también. Y lo que se vio fue una plaza que no logró desbordarse, a pesar de contar con el aparato nacional, dirigentes regionales y el impulso de sectores progresistas que anunciaban una convocatoria masiva.
Esto abre un análisis inevitable sobre el sentimiento del votante tolimense. La lectura que queda es que existe una distancia entre las políticas nacionales y sus escándalos con la ciudadanía. Incluso con la presencia del equipo nacional y representantes del Pacto Histórico, la movilización no logró transmitir la fuerza que se pretendía mostrar. Más aún si se tiene en cuenta que este tipo de eventos buscan enviar mensajes políticos claros: consolidación, crecimiento y entusiasmo. Cuando la plaza no responde, el mensaje que queda es otro: cautela, expectativa o incluso desinterés.
También llama la atención el papel del llamado bloque progresista local. El debilitamiento del Partido Liberal en el Tolima, que en elecciones recientes redujo su votación a Cámara, parece haber trasladado parte de ese electorado hacia el Pacto Histórico. Sin embargo, esa transferencia no necesariamente se traduce en movilización física o entusiasmo en plaza pública. Es decir, los votos pueden haberse movido, pero el fervor ciudadano no parece haberse trasladado con la misma intensidad. Esa diferencia entre voto potencial y capacidad de convocatoria es, justamente, la señal que deja este episodio.
La política tiene símbolos, y las plazas llenas son uno de ellos. Cuando se anuncia una visita con todo el equipo nacional, con senadores del Partido Verde, así como concejales de la capital que incluso aplauden una constituyente y una modificación de la Constitución, además de figuras del petrismo y una estrategia para consolidar la campaña en el Tolima, lo mínimo esperado es una demostración contundente de respaldo ciudadano. Si eso no ocurre, el mensaje que queda es que la elección no está definida y que el electorado tolimense aún no se siente completamente identificado.
En ese contexto, la imagen de un parque a medio llenar no es simplemente un dato anecdótico: es una señal política. Una señal que sugiere que el voto no está amarrado, que el entusiasmo no es automático y que el ciudadano tolimense todavía observa, evalúa y decide; el tolimense no les cree.

