
Semanas atrás, el representante Gerardo Yepes le echó en cara a Adriana Matiz, quien la había nombrado Secretaria de Inclusión, elegido Representante a la Cámara y Gobernadora del Tolima, todo a raíz del caos que hay en el barretismo por el apoyo de la mandataria a Guillermo Alvira, liberal y quien logró la alcaldía de San Luis en el 2019 por la U, partido también espuela del liberalismo, en la que se destacó por su acoso a los conservadores. Incluso negándoles acceso a un plan de vivienda. Afirman que a Oscar Barreto, no le disgustó la exposición de Yepes porque se filtró que en el gobierno, hay objetivos claros para fortificar la imagen de Adriana Magali, quien trata de destacarse como figura nacional y ser carta de avance del Conservatismo en el que milita, luego de estar en el Partido Liberal y en el Centro Democrático, y elegir a todo costo al exalcalde.
En el equipo, del “altísimo” no cae bien que Matiz apuntale la candidatura de Alvira, aunque ha tenido que ceder en algunos sectores como en Armero, donde el alcalde, Mauricio Cuéllar, le dijo que el jefe era Óscar y que, de la orden impartida por él, no se movería. Y es que aseguran que Matiz, con el bolígrafo, que se aseguraba, solo podía usar con órdenes del jefe, ha cuadrado alcaldes que votarán por Santiago Barreto, pero apoyarán la aspiración de Alvira, con pasado Liberal y en el Partido de la U y amigo del procesado exdirector del DPS Pierre García del Centro Democrático.
La verdad es que no hay calma en Barreto con el Matiz, quien gestionó la aspiración de Alvira con el ilusión de traer votos pero, distinto a los posibles acuerdos con Felipe Ferro y Juan Guillermo Beltrán que juegan a dos bandos y de lo que le pueda quedar a Emilio Martinez, solo ha logrado electores de la mismo saco barretista, debilitando a Alejandro Martínez y a Gerardo Yepes curiosamente los únicos godos de la lista ya que Delcy Isaza, Linda Perdomo y Adriana Avilés tampoco tienen origen conservador.
Yepes, mostró disgusto con la gobernadora y el senador, no objetó, ni con su actitud, ni en el discurso. Barreto es consciente que debe llevar todo en paz y tiene claro, que es un trato que él y sus seguidores debe manejar con tino, si se tiene en cuenta que Matiz es la proveedora del aceite de la maquinaria de su equipo. Él tiene claro con quién acordar y cuándo hacerlo y junto a su sobrino Santiago, destacó la importancia del liderazgo de Matiz. Oscar sabe que un desacuerdo con Matiz sería una desastre para el grupo y aunque le cueste, por su genio y egolatría, prefiere “tragarse el sapo” y loar una gobernadora que se destaca en la derecha, mientras Gerardo Yepes y Alejandro Martínez navegan, contra la corriente, pero abrigados por él, que tiene claro, que la ratificación de ellos, es el sostén de la tropa para que Adriana no imponga un liderazgo que lo aísle, ella tiene claro que elegir a Alvira, es su carta de estabilidad al interior de una estructura en la que parece, reina el canibalismo y la envidia.
Y si en la casa “goda” llueve, en la “collareja” no escampa. El liberalismo del Tolima esta huérfano de liderazgo y ni siquiera tiene candidato para el Senado. Y para más desgracia en la lid por Cámara y Senado, los provincias son los fortines donde se miden, disciplina de partido, conexión ideológica y memoria política de los electores. Natagaima y en especial Chaparral, históricamente identificados como rojos, reaparecen como plazas donde no solo se disputan votos y lealtades. El liberalismo en Chaparral sobre todo, ha promovido la candidatura de Olga Beatriz, en coherencia con la línea formal del Partido. Pero, la deserción de la lista de Mauricio Andrade, exalcalde de Natagaima creó un vacío difícil de enderezar y el escenario lo tensó Edwin Méndez, excandidato rojo a la Alcaldía de Chaparral, quien claramente dio su apoyo a una candidatura ajena, grietas internas que el partido no ha explicado. Con una lista a la Cámara que se debilitó y que, en sus filas hay por los menos dos aspirantes sin votos, se complicó la posibilidad de obtener un escaño.
En política, el silencio frente a estas rupturas se interpreta como ausencia de control. La falta de una posición clara, debilita la noción de disciplina, erosiona la credibilidad del ideario en el territorio y deja a los electores un mensaje confuso: ¿existe línea política compartida o el liberalismo opera con proyectos individuales? Así, Marco Emilio Hincapié, de la coalición Pacto Histórico-Alianza Verde, capitaliza este acto político al sumar a uno de los líderes que se proyectaban como renovación liberal. Este hecho no solo fortalece al Pacto Histórico, sino que tiene además dos fuertes figuras como son la actual representante Martha Alfonso, una aguerrida defensora de las reformas sociales propuestas por el gobierno y a Renzo García ya jugado en la arena política con buenos resultados y desnuda una verdad: cuando los partidos tradicionales no ofrecen espacio, otros recogen los liderazgos y los exaltan. Lo que sigue es clave. El liberalismo deberá decidir si asume estas fracturas como debate interno legítimo o si las deja pasar como corrientes tácticas, pagando el costo de la incoherencia. Natagaima y Chaparral, no son solo unos municipios más en el mapa electoral, son termómetro que mide que vigencia tienen los partidos frente a ciudadanos que exige representación real.
Con la U, MIRA y Centro Democrático, la situación es más grave. Los que aparecen como líderes en las listas de estas colectividades: Norma Hurtado financiada por una EPS cuestionada y escudera de Dylian Francisca Toro, Ana Paola Agudelo senadora del Mira y Carlos Edward Osorio del C.D. cargan un pesado fardo sobre sus historiales. Además de sus permanentes críticas a los actos del gobierno, fueron los verdugos de las Reformas Tributaria, Pensional, Laboral, Política, Justicia, a la Salud y sobre todo al Salario Mínimo Vital, cambios que favorecen a los pobres, además de no contar con satélites con fuerza electoral en sus listas. La U y Mira por eso se unieron pero por ninguna parte aparecen los 50 mil votos que se requieren para el umbral y una comunicación de la Dirección de Vigilancia e Inspección Electoral del CNE dejó al descubierto que en el Tolima no existe ni coordinador ni presidente del partido de la U, contrario a lo pregonado por el Andrés Fabián Hurtado, quien de inmediato salió a desmentir la versión. La certificación establece cuáles son los departamentos que tienen este cargo en el partido y el Tolima no aparece en ningún registro y está firmada por José Antonio Parra, Director de Vigilancia e Inspección Electoral del CNE emitida el 10 de febrero, a menos de un mes de las elecciones. Y en el Centro Democrático no hay fuerza, a pesar de la presencia de Álvaro Uribe y su candidata Paloma Valencia en Ibagué, la demostración fue clara. La última convocatorio hecha fue en una “cantina” con capacidad máxima de 400 personas aunque la entrega de un apoyo decidido de la Alcaldía puede levantar la moral..


