
El saqueo permanece al son de flautas, tambores y aguardiente
En el caso del Tolima la situación es bien complicada y por ello, este departamento es considerado con uno de los exponentes de la mayor miseria en el país y su capital.
Por. Edgar Antonio Valderrama
Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.
Existen sectores del país en donde no se avizora actitud de cambio. Todas las artimañas, tretas, ardides, amaños, trucos, engañifas, coartadas, trampas, fraudes, dolos, estafas, malversaciones, desfalcos, robos, pillaje, es decir toda clase de irregularidades y defraudaciones se realizan durante las veinticuatro horas del día o mejor durante 24/7, como ahora pronuncian con desfachatez marcada nuestros funcionarios, ante el silencio e inercia inaudita de Contralorías, Procuradurías, Fiscalías, Personerías, Asambleas, Concejos y demás organismos de control ciudadano que son callados con limosnas.
Esa condición creada por unos mandantes inescrupulosos, que montaron clanes para perpetuarse en el poder y esquilmar los recursos de la nación y de manera obvia, los de los departamentos y municipios, es orquestada a su vez por los medios de comunicación que son absorbidos por ellos ya que, o son sus dueños o sus financiadores y todo el mundo sabe que son el Clan Char en el Atlántico, con incidencia en casi siete departamentos más, el Clan Cotes en el Magdalena, el Clan Gnecco en Guajira y Cesár, el Clan Córdoba, el Clan Torres y Clan Sánchez Montes de Oca en el Chocó, El Clan Aguilar y el Clan Tavera en Santander, el Clan Ramiro Suarez y el Clan Villamizar García en Norte de Santander, el Clan de la Casita en Casanare, El Clan de los López en Córdoba, el Clan de Dylian Francisca Toro en el Valle del Cauca, El Clan Barreto en el Tolima, para no enumerar sino unos cuantos de los más importantes, que quitan y ponen Senadores, Representantes, Gobernadores, Alcaldes, Diputados, Concejales, Ediles y contratistas además de manejar a su antojo la nóminas oficiales e incluso privadas.
En el caso del Tolima la situación es bien complicada y por ello, este departamento es considerado con uno de los exponentes de la mayor miseria en el país y su capital, la más atrasada en desarrollo industrial vial y comercial y como es natural, una de las de mayor desempleo (último dato DANE 14.1%) y desigualdad social. Algunas de sus instituciones educativas son una ruina, así como los andenes, semáforos y sectores emblemáticos, en otras épocas, como la Concha Acústica, el parque Centenario, el parque Andrés López de Galarza, el complejo deportivo de la 42, la Plaza de Bolívar y la Manuel Murillo Toro, estas dos últimas convertidas en plazas de mercado así como la otrora peatonal carrera tercera, además de tener el ochenta por ciento de sus vías destrozadas.
Gobernadores y alcaldes disfrazan la desgracia del pueblo con festejos en donde hacen derroche de riqueza pagando sumas estrafalarias a artistas de medio pelo y contratando costosos sistemas logísticos, a pesar de existir Institutos de cultura que debieran tener esas funciones, porque ahí también les quedan ganancias extras. Luego el bullicio concluye y volvemos de nuevo a la realidad. Los visitantes se van y los problemas continúan, centeneras de viviendas sin agua porque el acueducto complementario sigue siendo una mentira, así como la organización de los vendedores ambulantes que se convirtieron en estacionarios, apoderándose de las pocas vías que se poseen, protestas de transportadores por el destrozo de las calles y la carencia de semáforos, inseguridad rampante porque no hay empleo y la gente no se va a dejar morir de hambre y la alcaldesa? Fresca como una lechuga pregonado mentiras y haciendo negocios.


