Opinión

Aparecieron las llaves de las quemas en territorio tolimenses

“¡El Tolima, vulnerado! Quemaron a propósito miles de hectáreas, se desprotegió el sector agrícola, enviando a la quiebra a arroceros, maiceros, cafeteros y lecheros para favorecer a multinacionales”.

Por: Edgar Antonio Valderrama Zabala

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada comprometen a este medio de comunicación.

El vicepresidente José Manuel Restrepo anunció que el Gobierno llevará proyectos de minerales críticos del Tolima a la Milagro Week, una rueda de negocios con inversores extranjeros en Nueva York, del 16 al 19 de noviembre. El anuncio lo hizo ante los gremios, dentro de la Misión Crecer, encargo que le dio el presidente Abelardo de la Espriella. Según explicó, el Gobierno ha identificado proyectos relacionados con minerales críticos en el Tolima que podrían atraer inversión, así como iniciativas en agro, logística, energía y turismo.

Los minerales críticos son metales utilizados en la fabricación de baterías, chips, turbinas eólicas y equipos de defensa. La apuesta cuenta con respaldo de Estados Unidos: el 8 de septiembre, en Barranquilla, los dos países firmaron un memorando para asegurar las cadenas de suministro de minerales críticos y tierras raras.

Hasta ahora, el Gobierno no ha detallado cuáles son los proyectos que irían a Nueva York, en qué municipios están ni qué minerales concretos contemplan. Ese es el primer vacío de la noticia. El caso más conocido es el de Cajamarca, a 30 kilómetros de Ibagué. Allí, el proyecto de exploración de oro La Colosa pasó de AngloGold Ashanti a la empresa Mineros, operación que puede alcanzar los 70 millones de dólares.

El senador Kevin Gómez pidió suspender los trámites mineros en el Tolima, denunciando 650 peticiones mineras que cubren 760.000 hectáreas, y planteó un posible vínculo con los incendios forestales. Esta versión debe ser verificada por las autoridades competentes. El anuncio llega en medio de la emergencia por los incendios forestales. Las cifras sobre el área afectada varían según la fuente: algunos reportes hablan de 60.000 hectáreas este año y el representante Guillermo Alvira se refirió a más de 100.000.

Las preguntas quedan en el aire: ¿cuáles son los proyectos y quién los escogió? ¿Participaron la Gobernación, los alcaldes y las comunidades en esa selección? ¿Qué garantías ambientales, especialmente en materia de agua, tendrán las zonas involucradas? ¿Qué beneficios concretos quedarían para el Tolima y cómo se repartirían las regalías? Mientras llegan las respuestas, el Tolima enfrenta una paradoja: se presenta ante inversionistas por su riqueza mineral, al tiempo que reclama recursos y atención para recuperarse de los incendios.

José Manuel Restrepo visitó el Tolima los días 10 y 11 de octubre y efectuó mesas de trabajo sin claridad sobre un propósito que excluyó la participación de gobernantes, líderes comunitarios y voceros de la clase política. La visita buscaba iniciar reuniones regionales de la Misión Crecer, evaluar las carencias productivas del Tolima e identificar proyectos en minería, infraestructura, turismo, agroindustria, energía y minerales críticos, con miras a incorporarlos a un portafolio de inversión extranjera en Nueva York, en la rueda de negocios de la Milagro Week. Es decir, confirmar los recursos naturales que se pueden entregar a los extranjeros.

En la obsecuente Cámara de Comercio de Ibagué, Restrepo se reunió con gremios económicos, actores del sector empresarial y líderes del Comité Intergremial, que dirige Efraín Valencia, y dialogó con voceros del sector público y líderes corporativos sobre proyectos ilusorios de inversión y conectividad.

Entre lo planteado estuvo lo de siempre: modernización del Aeropuerto Perales, ampliación del Aeropuerto Santiago Vila, en Flandes, desarrollo de corredores viales, Central de Abastos y aprovechamiento agroindustrial. Son las mismas iniciativas de las que se habla hace décadas y que siguen sin contar con estudios, diseños ni análisis de prefactibilidad.

De la Espriella tenía previsto visitar el Tolima y reunirse con la gobernadora Adriana Magali Matiz, alcaldes y gobernadores del sur del país para avanzar en la estructuración del Plan Nacional de Desarrollo, pero decidió enviar segundones. Al suspenderse la jornada, se mantuvo la visita gremial y de campo, delegada al vicepresidente.

Si bien Protolima busca dar un giro a la agenda que durante décadas lideró la Asociación para el Desarrollo del Tolima, las iniciativas trazadas carecieron de novedad y se mantienen en la misma retórica de los últimos 50 años. Cada elección promete una “agenda común”, pero los compromisos se diluyen y el sector productivo vuelve a empezar el mismo ritual.

La escena se repite con precisión en cada elección, sea legislativa o regional. Los gremios convocan, organizan foros, hablan de competitividad, productividad y articulación institucional. Al final, firman un pacto que no se cumple.

La fotografía queda, los comunicados resaltan el compromiso con la región y el discurso es siempre el mismo: unir empresa, academia y política para impulsar proyectos estratégicos, atraer inversión y convertir al Tolima en referente nacional. Todo suena bien, parece urgente y, al final, todo queda en el papel.

Cambian los actores, pero no el guion. Las ventajas se presentan con frases elocuentes: trabajo desde el territorio, agenda regional, desarrollo sostenible, fortalecimiento empresarial, competitividad y superación de diferencias para consolidar una visión compartida. El cuento perfecto. La ejecución, invisible; las tertulias vuelan. No hay seguimiento a los compromisos, no se conocen balances ni informes para evaluar qué se cumplió y qué no. Lo presentado terminó archivado y la región enfrenta las mismas dificultades.

Entre pequeños y medianos comerciantes, el escepticismo crece. Esos encuentros se han convertido en una formalidad protocolaria que beneficia más a la dirigencia gremial que al tejido empresarial. La crítica es directa: se recauda año tras año el valor del registro mercantil, pero no se ve una compañía real que vigorice al comerciante que lucha por resistir. La Cámara de Comercio de Ibagué es señalada de ofrecer solo el trámite forzoso de renovación. La representación gremial se concentra en sectores de alto perfil, mientras el comercio cotidiano enfrenta inseguridad, informalidad y baja dinámica económica.

El problema no es que se promuevan acuerdos. El problema es la falta de memoria y de rendición de cuentas. Si un proceso comienza con un nuevo pacto, ¿dónde están los resultados del anterior? ¿Qué proyectos se cumplieron? ¿Qué metas se fijaron? ¿Quién responde por lo firmado? Sin evaluación ni seguimiento, el ritual se vacía. Y, mientras se repite el libreto, el Tolima continúa esperando que lo prometido se traduzca en hechos y no en promesas.

Tal vez el verdadero pacto no sea con los aspirantes, sino con la transparencia: metas concretas, cronogramas y seguimiento público, además de rendición de cuentas. De lo contrario, será lo mismo de siempre: foro, firma, aplausos… y silencio.

Pero el fondo del asunto es que el sector productivo del Tolima ha sido vulnerado, violado, roto y quebrantado. Quemaron a propósito miles de hectáreas, se desprotegió el sector agrícola, enviando a la quiebra a arroceros, maiceros, cafeteros y lecheros, y lo único que predomina y se protege es la explotación minera, que arruinará al Tolima en favor de multinacionales, ante el silencio cómplice y, a lo mejor, presuntamente negociado con Cortolima y gobernantes locales, y la venia de dirigentes gremiales vendidos y políticos entregados a múltiples beneficios.

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