
El presidente Gustavo Petro y la gobernadora del Tolima, Adriana Matiz, volvieron a protagonizar un enfrentamiento que agudiza aún más las tensiones entre el Gobierno Nacional y el liderazgo regional.
Esta vez, la controversia se encendió en Chicoral, donde Petro lamentó la ausencia de Matiz en un evento oficial y la señaló por supuestas razones políticas. “No puedo saludar a la gobernadora del Tolima porque no quiso venir aquí; temas de la decencia política», dijo el presidente, en lo que pareció una recriminación velada a la mandataria departamental. Sus palabras avivaron el fuego de una disputa que ya había tenido un capítulo previo en la reciente Cumbre de Gobernadores en Boyacá.
Matiz respondió con hechos
Mientras Petro se quejó en Chicoral, Matiz estuvo en Ambalema entregando una obra clave para la conectividad del norte del Tolima: un puente en el que se invirtieron más de $21.000 millones.
Desde allí, la mandataria explicó que su ausencia no tuvo trasfondo político, sino que respondió a compromisos adquiridos con anticipación y con impacto directo en la región.
«Este departamento necesita recursos y mayor inversión desde el Gobierno Nacional. Yo agradezco que, tras mi intervención, se hubieran girado los recursos del Programa de Alimentación Escolar (PAE), deuda que se tenía pendiente desde el año pasado», enfatizó.
Pero Matiz no se quedó solo en la explicación de su agenda. También lanzó una fuerte crítica a la retórica confrontacional del presidente y sus funcionarios, quienes, según ella, han incitado un ambiente de polarización en el Tolima. «No estoy de acuerdo con que funcionarios o personas con dignidades públicas vengan a nuestro departamento a incitar la violencia y el odio entre los colombianos. Esa lucha de clases no la podemos permitir en nuestro país», señaló.
Acción vs. discurso
El cruce de declaraciones dejó sobre la mesa un contraste evidente: mientras Petro insinuó que Matiz evitó su evento por «decencia política«, la gobernadora respondió con obras y llamados a la inversión.
En el fondo, este rifirrafe va más allá de una simple ausencia en un acto oficial: es una disputa entre modelos de gobierno, donde el discurso encendido del presidente chocó con la visión de una gobernadora que busca recursos y resultados tangibles para su región.



