
El triunfo podría no estar donde dicen las encuestas
Puede ser una señal de que la verdadera disputa electoral no está entre los votantes convencidos.
Por: José Baruth Tafur G. Abogado – Especialista en Marketing Político у Estrategias de Campaña. Maestrante Comunicación Política.
Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.
A ocho días de la segunda vuelta presidencial, la atención de quienes plantean estrategias de campañas electorales se concentra en los porcentajes que muestran las encuestas. Sin embargo, más interesante que observar quién aparece arriba o abajo es preguntarse dónde se encuentra realmente la disputa electoral.
Si analizamos a Guarumo sobre el voto de primera vuelta, encontramos que Abelardo obtuvo el 43,4 %, Iván Cepeda el 40,3 %, mientras que los demás candidatos y el voto en blanco sumaron cerca del 16,3 %. Allí podría estar la verdadera elección. No se trata únicamente de conservar los apoyos obtenidos el 31 de mayo, sino de conquistar a quienes respaldaron otras opciones políticas o todavía no encuentran una razón suficiente para inclinarse por alguno de los finalistas; de este análisis es que se ve el afán de propuestas y narrativas, tanto ambientales como de seguridad, más un discurso que evita alejar a las clases políticas tradicionales.
En consecuencia, la pregunta clave no es cuánto crece cada candidato dentro de su propio electorado, ya que ambos alcanzaron techo. Ahora, la inquietud es: ¿hacia dónde migrarán esos votos huérfanos de representación?
Es de recordar que, históricamente, las segundas vueltas se han definido más por las adhesiones y transferencias de voto que por la fidelidad de quienes ya tenían una preferencia consolidada.
Pero existe otro aspecto poco discutido. Aunque Atlas incluyó una cantidad considerablemente mayor de municipios de manera virtual, Guarumo desarrolló una muestra presencial en 54 localidades, ninguna de las dos encuestas revela públicamente cuántas entrevistas fueron realizadas en cada municipio. Sabemos dónde se hicieron las mediciones, pero no cuánto peso tuvo cada territorio dentro de la muestra.
Un punto crucial es que no es lo mismo que una ciudad como Bogotá tenga un peso determinante dentro de la muestra a que esta se distribuya de manera más equilibrada entre ciudades intermedias y municipios pequeños. Del mismo modo, una tendencia nacional puede verse de manera distinta cuando la opinión de las grandes capitales predomina sobre la de los territorios que cuando se logra captar con mayor precisión el comportamiento electoral de las regiones donde, en muchas ocasiones, terminan definiéndose las elecciones.
Las verdaderas preguntas siguen abiertas: ¿hacia dónde se moverán los votantes de los candidatos eliminados? ¿Quién logrará convencer a quienes todavía no se sienten representados? ¿Y cuál de las estrategias de campaña resultará más efectiva para atraer al votante indeciso y a ese electorado huérfano que, tras la primera vuelta, aún no encuentra una opción política con la cual identificarse plenamente?
La respuesta a esas preguntas probablemente explique mejor y se vea reflejada en la desesperación que comienzan a evidenciar algunos candidatos en la recta final de la campaña, reflejada en la presentación apresurada de propuestas, en la constante referencia a sus contrincantes o incluso en controversias alrededor de símbolos patrios.
Puede ser una señal de que la verdadera disputa electoral no está entre los votantes convencidos, sino en ese segmento de indecisos y electores huérfanos que aún no encuentran una opción política con la cual identificarse. Al final, la respuesta a esa incógnita probablemente explique mejor el resultado del próximo domingo que cualquier cifra aislada publicada durante la campaña.


