Opinión

Los grandes perdedores de la jornada: El Pacto Histórico

La arrogancia suele ser la antesala de las derrotas más dolorosas.

Por: José Baruth Tafur G. Abogado -Especialista en Marketing Político у Estrategias de Campaña. Maestrante Comunicación Política.

Advertencia: los comentarios aquí expresados son de exclusiva responsabilidad de su autor y en nada compromete a este medio de comunicación.

Durante meses, dirigentes del Pacto Histórico en el Tolima construyeron un discurso de victoria anticipada. No hablaban de competir; hablaban de manera ambiciosa de obtener todo el poder. No hablaban de disputar espacios; y ahora, a nivel nacional, su candidato habla de desconocer los resultados electorales.

Marco Emilio Hincapié y Renzo García se convirtieron en algunos de los principales exponentes de ese relato; sin embargo, la realidad de las urnas terminó contando una historia distinta.

Quienes hablaban de ganar en primera vuelta terminaron viendo cómo su proyecto político no alcanzó el resultado esperado. Y ahora niegan el resultado. Quienes proyectaban una victoria contundente tuvieron que conformarse con un segundo lugar, que contrasta profundamente con la confianza que exhibieron durante la campaña.

Y allí radica la verdadera derrota.

El Pacto Histórico no pierde únicamente porque no alcanzó el primer lugar. Pierde porque, durante meses, construyó una narrativa de invencibilidad. Pierde porque convenció a muchos de sus incautos seguidores de que el triunfo era inevitable. Pierde porque algunos de sus dirigentes actuaron más como administradores de una victoria asegurada que como candidatos enfrentando una competencia real.

Las elecciones demostraron que las redes sociales no son sinónimo de mayorías, que la militancia que sale a gritar en centros comerciales solo demostró el afán de su ambición de poder y que los discursos triunfalistas suelen estrellarse contra una realidad electoral mucho más compleja.

El mensaje que dejan las urnas es contundente: ningún partido tiene el triunfo garantizado y ningún liderazgo puede confundir entusiasmo interno con respaldo mayoritario.

Para Marco Emilio Hincapié y Renzo García, la lección debería ser clara: en política, cuando se pasa demasiado rápido de la confianza a la soberbia, los electores suelen encargarse de recordar quién tiene la última palabra.

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